Posteado por: Ricardo | 28 Noviembre 2009

¿Ir a Misa sin sentirlo?

Me preocupa haber encontrado no pocas personas a las que les han aconsejado -incluso algún sacerdote- no asistir a Misa el domingo si “no lo sentían”. De ser cierto estos consejos, significaría que el criterio moral para evaluar la conveniencia de la asistencia a Misa sería el siguiente: “Si lo sentís, tenéis el deber de ir a Misa; si no lo sentís no tenéis que ir (o al menos podrías no ir)”. Es un planteo que hace decisivos, desde el punto de vista moral, los sentimientos.

Leer Más…

Posteado por: ferisitos | 27 Noviembre 2009

Miles de dólares por un guante de Michael Jackson

Posteado por: Beto | 27 Noviembre 2009

El Pecado Engaña al Pecador

 La fascinación de lo prohibido es el mayor atractivo del pecado. El apóstol Pablo nos dice en Romanos 7:11 que el pecado engaña al pecador. El resultado final del camino es la muerte. El pecado engaña de tal manera que hace que el pecador completamente pierda el camino. Da una falsa impresión, ya sea por la apariencia, el estado o la influencia que todo está bien. Nunca nadie recibe la plena satisfacción que la tentación del pecado promete. El pecado nos engaña al pensar que mientras no hemos pecado aparentemente y visiblemente todo esta correcto entre nosotros y Dios. La Palabra de Dios nos informa de manera diferente porque Dios discierne los pensamientos, las actitudes y las intenciones del corazón (Hebreos 4:12-13). Jeremías dijo: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas y perverso” (Jer. 17:9). Nuestros pensamientos y actitudes son radicalmente depravados y estos nos llevan a comportamientos pecaminosos. El pecado nos engaña al pensar que no hay ninguna razón para nuestra culpa. El librarse de los “debería,” debe” y “debería” en su vida. Nuestros pecados no son realmente tan malos, después de todo, todo el mundo está haciendo eso. Además existen otras personas que hacen muchas cosas peores que nosotros. El pecado nos engaña en cuanto a la falsedad del pecado. Uno de los mayores engaños es que el pecado nos engaña en pensar que Dios no es razonable. Es imposible para el hombre pecador vivir una vida santa y pura, por lo tanto, Dios es injusto, no el hombre. Si Dios nos amó de verdad y quería lo que es mejor para nosotros, Él nos permitiría hacer cualquier cosa que nosotros pensamos nos haría felices. Si esto se siente bien, esto debe estar bien, es un engaño del pecado. El pecado engaña al pecador al pensar que la santidad de Dios no es atractiva. Esto engaña a las personas al pensar que la santidad es impopular, inaceptable, extraña, etc. La santidad no es un tema popular en la sociedad actual, incluso en círculos de la iglesia. Leer Más…

Posteado por: Ricardo | 27 Noviembre 2009

Alfareros – QUE LINDO

*  «Yo gritaba pero nadie me escuchaba»
*  «Durante todo este tiempo he sido testigo de mi propio calvario, viendo a los médicos y enfermeras intentar hablarme y terminar poco a poco renunciando, pensando que no tenía ningún sentido»

Noviembre de 2009.- El belga Rom Houben, de 46 años y que tras sufrir un accidente de tráfico en 1983, fue diagnosticado en estado vegetativo, se encontraba en realidad completamente consciente. El caso fue dado a conocer ayer por la revista «Der Spiegel». Houbens era consciente de lo que ocurría a su alrededor durante estos 23 años, aunque no podía expresarlo con gestos o palabras: «Yo gritaba pero nadie me escuchaba».
Posteado por: ferisitos | 26 Noviembre 2009

Las relaciones humanas inspiradas en la comunión del amor

Posteado por: Ricardo | 25 Noviembre 2009

PALO SANTO – NADIE MAS

Posteado por: ferisitos | 25 Noviembre 2009

Fidelidad, para mostrar el auténtico rostro de Cristo

Posteado por: mirys | 25 Noviembre 2009

Porque rechasan a mi madre?

MARIA

Qué bonito seria,

Si nadie te rechazara,

Si todo el mundo te amara a ti,

Virgen María,

Leer Más…

Posteado por: Ricardo | 25 Noviembre 2009

SI SUFRES… PON LOS OJOS EN CRISTO

Si comprendiéramos todo lo que dice a nuestros corazones, se nos harían suaves nuestros sufrimientos.
San Felipe Benicio en su lecho de muerte exclamaba: “¡Denme mi libro!…” Los que estaban en su habitación le daban uno tras otro pero él seguía diciendo: “¡Denme mi libro!”. Notando que fijaba sus ojos en el crucifijo se lo dieron: “Este sí es mi libro –exclamó – en él he leído muchas veces y con él quiero terminar mi vida”.

Entradas antiguas »

Categorías