Se cuenta que un hombre que estaba muy enfermo pidió hablar con un
sacerdote porque estaba preocupado de que iba a morir y no sabía cómo orar.
El sacerdote le dió un sabio consejo deciéndole: Orar más que cualquier otra cosa es el deseo de estar con Dios y prosiguió dándole un método muy sencillo de oración, le dijo: “Ponga una silla al lado de su cama y cuando usted no tenga palabras para decirle al Señor, extienda su mano sobre esa silla y sienta que Jesús está sentado en la silla y toma su mano en las suyas, eso es todo lo que tiene que hacer”. Al día siguiente la hija del enfermo llama al sacerdote para decirle que su padre había muerto. El sacerdote le pregunta a la hija si su padre había dicho algo antes de morir. “No respondió la hija, pero algo extraño sucedió antes de morir papá. Puso su mano sobre la silla que está al lado de su cama, sonrió y expiró”.
Jesús enseñó que es preciso orar en todo momento sin desfallecer para no caer en tentación y que la oración escuchada es la que sale del corazón y es sincera, no la mejor pronunciada.
“Además el Espíritu nos viene a socorrer en nuestra debilidad, porque no sabemos pedir como nos conviene. Pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no se pueden expresar”. (Romanos 8,26)
Fuente: http://www.mensaje1.com/