4to. Domingo de Adviento: “Alégrate llena de gracia el Señor esta contigo”


Virgen Maria

Por: Mons. Manuel E. Ríos G.

2do. De Samuel 7, 1-11. 16

Rm 16, 25-27

Lc 1, 26 -38

Este último domingo de Adviento nos conduce a fijar la mirada en la Virgen María y aprender de ella la disposición de ánimo que permite el encuentro con Jesús Dios-con-nosotros, hoy –aquí- para hacernos partícipes de su santidad.

María es en todo cercana a Cristo. Lo hace visible no sólo porque lo dio a luz, sino porque estuvo asociada a Él en la lucha contra el mal.

Repite en su vida las actividades de abandono, disponibilidad, pobreza, con los que transparentaba la personalidad de Jesús impresa en ella.

Ella es el ejemplo perfectamente acabado de quien le cumple a Dios de manera cabal.

Al decir “Sí” a Dios, sabe que acepta una tarea importante que realizar y aceptar las consecuencias de  ese “Sí”; y abraza con fidelidad el camino que Dios le va trazando.

Por su amor total fiel a Dios, ella se convierte en el medio por el que empieza a brillar en el mundo la gloria de Dios, no en el poder y prepotencia, sino en el cuerpo débil de un niño reclinado en un pesebre. Él es y será por siempre el Camino, la Verdad y la Vida para la humanidad, el horizonte del hombre.

Aprender profundamente de ella a reconocer lo que es verdaderamente importante en la vida; que lo que realmente cuenta  es saber cumplir la misión que Dios nos ha encomendado aunque sea algo tan trivial y monótono como la vida de trabajo de cada día, las relaciones  humanas en la vida familiar, o en comunidad… no hay nada por pequeño y ordinario que sea, que no se pueda asumir como la tarea que Dios me marca hoy.

Ella, Virgen Sagrada, fue golpeada por las más diversas pruebas, para que entendamos que “ser sagrado” no da derecho a ser inmune contra las más ásperas condiciones de la vida.

María por su fe, enfrento valientemente la vida con todos sus sinsabores y dificultades gracias a su radicar sumisión a las disposiciones divinas.

Madre de Jesús, esta maternidad –por la que hoy es glorificada- en su momento no tuvo nada de espectacular ni triunfalista.

Sabemos cómo la anunciación requirió todo el valor de su entrega, y el nacimiento de su Hijo no fue precisamente como podía esperarse de un Dios encarnado.

Dios quiso necesitar de María, y así quiere necesitar de nosotros para poder hablar a los hombres nuestros hermanos, espera que antes quitemos la resistencias que haya en nuestro corazón y nos dejamos llenar de su Espíritu para proclamar sus grandezas.

Desgraciadamente nos falta esa amplia y vital acogida del Espíritu Santo para que dejemos de estar vacíos, esa vaciedad con la que vamos por ahí con el corazón a medias, compartiendo menos que a medias la pequeña fe que tenemos. No fue fácil para María su experiencia  de colaboración al Plan de Salvación. Supo de destierro,  de angustias, de pobreza.

Pero sobre todo, hay que aprender de ella como “CREER Y CRECER” por el camino largo y difícil de la humildad y la sinceridad.

 ¡Nuestra vida es mejor cuando le sonreímos y tú que esperas! :D !!!

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