Entrevista al diácono Luís Cordova Terrazas

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Entrevista realizada por Notidiócesis Chihuahua al diácono Luis Cordova Terrazas próximo a recibir la ordenación sacerdotal en el mes de Febrero del año 2012.

Datos generales

-Fecha y lugar de nacimiento

Soy nacido el día 25 de Mayo de 1980, en la ciudad de Chihuahua.

-Nombre de tus padres y hermanos

Dionisio Córdova Chacón (+), Ma. De Lourdes Terrazas Padilla y mi hermana Liliana Córdova.

-Parroquia de origen

Parroquia de Nuestra Señora del Refugio de la Cd. de Chihuahua.

-¿Llegaste a imaginarte que algún día serías sacerdote?

Cuando inicié el camino de formación en Agosto de 1998, era un gran sueño que en ocasiones no podía creer. Ahora que estoy próximo a ser ordenado, no me canso de darle gracias a Dios por haberme llamado a ser su servidor, en la Iglesia y para la Iglesia.

-¿Cómo fue tu proceso antes de ingresar al Seminario?

Fue un proceso que inició en Noviembre de 1996, cuando ingresé al curso de confirmaciones de la Parroquia de Nuestra Señora del Refugio.

Poco tiempo después tuve el honor de conocer más a fondo al P. Alfonso Payán – quien era párroco del Refugio – y quien siempre ha sido para mí un “hombre de Dios” que con su alegría y testimonio de vida me fue encaminando poco a poco  a reflexionar sobre mi vocación.

También tuve la oportunidad de compartir grandes experiencias con el P. Dizán Vázquez, el cual con su testimonio me fue impulsando a ingresar al ministerio de servidores del altar, al grupo de jóvenes y a la adoración nocturna.

Conforme pasaba el tiempo y las experiencias vividas en la parroquia, llegó el momento de ir al retiro vocacional de Diciembre de 1997, donde tuvimos un tema dirigido por el P. Enrique López del Río (q.e.p.d), en el cual encontré la voz de Dios que me invitaba a vivir la experiencia del Seminario.

El Domingo 5 Julio de 1998, ingresé al preSeminario, sin aún tomar la decisión final de ser seminarista. Pero fue en una plática que tuve con el P. Carlos Barrio Reza, donde me decidí a solicitar mi ingreso.

Fue el sábado 18 de julio de 1998, cuando el P. Paulo Medina (promotor vocacional de aquel tiempo) me llamó a su oficina y me dio la noticia de que a partir de ese momento ya era seminarista.

-En el Seminario, ¿qué fue lo que influyó en ti para que decidieras abandonarlo ya tan avanzado en la formación?

Nunca me cansaré de agradecer a Dios y a mis superiores de aquel tiempo, de haberme invitado a salir del Seminario durante un año para solidificar más la decisión de ser sacerdote. (Ese año se convirtió en 5 años fuera del Seminario)

Recuerdo que el Viernes 24 de Junio de 2005, Mons. Juan Manuel Hernández (rector del Seminario en aquel tiempo), me pidió que tuviéramos una charla en su oficina y es donde me comentó que el equipo formador del Seminario había visto a bien que saliera durante un año del Seminario para madurar más mi decisión de ser sacerdote.

La verdad, era algo que yo no tenía planeado y que en su momento me costó aceptarlo. Pero es ahí donde mi director espiritual (de aquel tiempo) el P. Félix Chávez C., me apoyó y me invitó a ver en esa decisión, la voz de Dios.

Cabe mencionar que en todo el tiempo que me encontré fuera del Seminario tuve el gran apoyo del P. Héctor García Estrada (Rector de San José de los Vientos). El fue un pilar y a la vez el que con su testimonio de sacerdote y de ser humano íntegro, me hizo caer en la cuenta que el haber salido del Seminario, solo había sido un alto en el camino para agarrar fuerzas y seguir adelante, hacia el sacerdocio.

Recuerdo que después de 4 años y medio de haber salido del Seminario; el 1 de Febrero de 2010, acudí con el P. Felix Chávez C. (pro – vicario general en aquel tiempo), para enviar una carta al Sr. Arzobispo,  donde solicitaba mi reingreso al Seminario.

El día 17 de Febrero recibí la llamada del P. Leopoldo Prieto (rector del Seminario en aquel tiempo) para pedirme que fuera al Seminario a hablar con él. En la plática me comentó que había recibido la instrucción del Sr. Arzobispo para que analizará junto con el equipo formador mi reingreso en Agosto de 2010, a mi último año de formación.

-¿Qué sucedió en ese “inter” y por qué regresar al Seminario? 

Durante el tiempo fuera del Seminario, fui afianzando ciertos aspectos de mi vida que requería madurar para dar una respuesta sólida ante el llamado de Dios.

Fue por lo que opté iniciar una carrera universitaria y a trabajar al mismo tiempo para poder solventar los gastos de la escuela y mis gastos personales. Eso me ayudó mucho a valorar y a madurar.

Tuve experiencias difíciles como la enfermedad de mi Madre, a quien en Mayo de 2008 le detectaron cáncer. Esa situación me desbalanceo porque yo no podía entender como a la mujer que fue instrumento de Dios para darme la vida, le pasaba eso.

Hubo ocasiones en las que yo le preguntaba a Dios el porqué de eso y solo encontraba silencio, desesperación, impotencia y dolor. No encontraba la voz de Dios.

Cuando operaron a mi mamá para poder controlar el cáncer, yo laboraba en la Clinica Christus Muguerza, y les pedí a los médicos que me permitieran estar en la cirugía; pero Dios tiene sus caminos; antes de ingresar al quirófano para ponerme el traje quirúrgico me informan que mi oficina se estaba inundando, dado que en ese momento estaba lloviendo mucho; por lo cual no pude asistir a la cirugía.

Al terminar la operación, entré al área de recuperación, pidiéndole a Dios que mi Madre no sufriera dolor, y es ahí donde esa voz volvió a resonar, al ver a mi Mamá volviendo de la anestesia y dándome la mejor sonrisa que me ha dado en la vida. Fue en ese preciso momento cuando me cuestioné fuertemente y me di cuenta que Dios me seguía llamando al sacerdocio.

Un año después, yo ya me encontraba en el último semestre de la carrera, y sabía bien que era hora de tomar una decisión, a lo cual consideré volver a la dirección espiritual para que dicha decisión fuera tomada a la luz del discernimiento y la oración. Fue cuando solicité a Mons. Manuel E.  Ríos que me dirigiera espiritualmente y me ayudara con su experiencia y sabiduría a discernir y a poner en manos de Dios mi reingreso al Seminario.

Reingresé al Seminario el 18 de Agosto de 2010, para continuar mi último año de formación.

-¿En qué fue distinto cursar ese último año de formación?

Indudablemente fue una experiencia sumamente distinta. Ingresaba al Seminario con otra forma de ver la vida; con compañeros que no conocía a fondo, con un equipo formador distinto al que me había tocado 5 años atrás.

Los mas importante fue darme cuenta que haber estado 5 años fuera del Seminario, fue una experiencia que yo necesitaba vivir; un alto en el camino para madurar, para crecer humana, afectiva, espiritual e intelectualmente.

Este último año de formación solo éramos dos seminaristas de 4º de teología: El P. Javier Arias y un servidor. Javier me hizo sentir parte de la comunidad de inmediato, me hizo sentir como en casa de nuevo.

En Octubre de ese año, charlé con mi director espiritual y le comenté que me gustaría enviarle una carta al Sr. Arzobispo, donde le hacía saber que yo había recibido la admisión a las sagradas órdenes en Enero de 2005 y que me gustaría pedirle el ministerio del lectorado. Me dio un gran gusto cuando el P. Leopoldo Prieto, me informó que el Sr. Arzobispo había aceptado mi solicitud y que me conferiría dicho ministerio el 23 de Enero de 2011, después de eso pasaron 2 meses y medio y me confirió el ministerio del acolitado el 10 de Abril del mismo año.

Yo me sentía gozoso y sumamente agradecido con Dios y con la Virgen María, porque veía que el tiempo iba muy rápido y el 27 de Mayo de 2011 fuimos llamados por Don Constancio, el P. Javier Arias, el P. Luis Raúl Hernández, el Diac. Xavier Hurtado y un servidor para informarnos que ya estaba la fecha para la ordenación sacerdotal y diaconal y que sería el 12 de Agosto de 2011, día en el que cumpliría mi Papá 29 años de haber partido a la casa del Padre.

Al salir de las oficinas yo no podía creer que el momento de dar el sí definitivo a Dios se acercaba y que aún y con mis muchas limitaciones humanas e intelectuales Jesús confirmaba en mi corazón y ante la Iglesia, que me había elegido para ser sacerdote para siempre.

Recuerdo que al salir del Arzobispado le llamé de inmediato a mi Mamá y cuando le di la noticia se quedó en silencio unos segundos. Yo sabía que en ese momento ella agradecía a Dios por tan grandioso don.

El 20 de Junio de 2011, volvimos a ser llamados por el Sr. Arzobispo, y cual va siendo mi sorpresa que era para darme mi primer destino pastoral. Recuerdo que yo estaba muy nervioso porque fui el último en entrar a la oficina de Don Constancio, quien me saludó paternalmente y de inmediato me informó que había decidido que me enviaría a la Parroquia de Santa Isabel como colaborador parroquial. En ese primer instante en mi mente lo primero que imaginé es a San Pedro de Jesús Maldonado. En ese momento estaba siendo enviado a la tierra en la cual nuestro santo chihuahuense había sido martirizado; un don de Dios más para mí.

El 12 de Agosto de 2011, recibí en la Parroquia de San Antonio de Padua, el orden del diaconado. Una ceremonia realmente emotiva y concurrida, ya que éramos 4 los que recibíamos de manos de nuestro Sr. Arzobispo el orden sacerdotal y diaconal, respectivamente.

Ese mismo día llegué a la Parroquia de Santa Isabel, a las 8 de la noche; yo aún me sentía en las nubes, pero sabía también que era el momento de ponerme a trabajar. Recuerdo que mi primer servicio fue bautizar el sábado 13 de agosto a las 12 del mediodía.  Siempre recordaré el nombre del niño al que bauticé: Se llama Pedro.

-Y el diaconado, ¿cómo han sido estos meses?

Han transcurrido 5 meses y medio de la ordenación. Ha sido un tiempo de reflexión, de grandes experiencias con Dios y con la gente de esta gran comunidad de Santa Isabel.

Santa Isabel ha sido una comunidad que me ha abierto su corazón para servirlos y quererlos.

La visita a las comunidades, la administración de los sacramentos del bautismo y del matrimonio, el trabajo con los ministerios, las vigilias de adoración, la convivencia con la gente; han sido experiencias grandiosas que Dios me ha permitido vivir durante este tiempo.

-Tu familia, ¿qué papel ha jugado en este buscar y encontrar tu vocación?

El papel que ha tenido mi familia dentro de mi camino vocacional, ha sido fundamental, dado que Mi Madre, Leonardo que es como mi segundo padre a falta de mi Papá, mi hermana y su familia; han sido personas que han estado en todos los momentos de mi proceso vocacional.

Todos ellos han sido para mí un apoyo fundamental para seguir adelante en mi camino hacia el sacerdocio.

Especialmente me gustaría agradecer a mi Madre por haber sido el instrumento de Dios, al darme la vida. Agradecer su cariño maternal, la forma en la que me ha impulsado en la vida; considero que ella, después de Dios y de nuestra Madre Santísima ha sido el pilar más importante en mi vida. ¡GRACIAS MAMÁ!

-Ahora, ¿qué esperas tú, como ministro de Dios, del sacerdocio que en breve recibirás?

Solo espero y confío en que Dios me siga dando la gracia necesaria para poder servirlo y amarlo en los demás.

Soy conciente de mis muchas limitaciones, pero también me doy cuenta de que al elegirme como su servidor Él sigue haciendo su obra de misericordia y de salvación en mí. A Él no le puedo pedir nada, sino al contrario, darle todo lo que esté en mi, a través del servicio al pueblo de Dios que me ha encargado, a través de ser el portavoz de su Evangelio que no es más que misericordia infinita.

Le pido al “Buen Pastor” que me permita ser el pastor que guie a su pueblo, que me dé las fuerzas necesarias para poder brindarle a Él, lo que sea su santa voluntad.

-¿Qué podemos esperar nosotros los fieles de ti, sacerdote?

  • Que me permitan servirlos y amarlos.
  • Que me corrijan si alguna vez les fallo como sacerdote.
  • Que sean consientes de que el orden del sacerdocio que me será conferido es un regalo de Dios para ellos, no para mí mismo.
  • Que el mejor apoyo que ellos me pueden brindar es su oración, su cariño y su confianza.

-¿Qué pedir en estos momentos?

  • Pido perdón a Dios y a la Iglesia si en algún momento de mi vida de formación les he fallado en algo.
  • Que Santa María de Guadalupe me enseñe a ser un hombre de fe, de caridad, de obediencia y de misericordia.
  • Que San Pedro de Jesús Maldonado, interceda a Dios por mí, para que yo pueda ser un fiel servidor.

-¿Algo que agregar?

Agradecimientos:

  • Gracias a mi Señor Arzobispo, Don Constancio Miranda W., por su cariño y por ser el instrumento, a través del cual seré consagrado sacerdote para siempre.
  • Gracias a Mons. Luis Carlos Lerma (vicario general), por ser un hombre de gran testimonio, de escucha, de sencillez, de servicio y de alegría.
  • Al Clero de Chihuahua por aceptarme como su hermano en el sacerdocio.
  • Gracias a los Pbros. Alfonso Payán y Dizán Vázquez, por haber sido los pastores que me guiaron en el camino al Seminario.
  • Gracias al Pbro. Héctor García E. por su gran cariño, por sus enseñanzas, por enseñarme que obedecer no es de débiles sino de los que realmente aman a Cristo y a la Iglesia, por enseñarme que lo más importante es el bien de los demás y no el propio, por enseñarme que la fidelidad es la respuesta total e íntegra de amor a Cristo.
  • Gracias a los que durante el tiempo de formación fueron mis rectores del Seminario: Mons. Arturo Fierro E. (q.e.p.d.), Mons. Víctor Gómez R., Mons. Juan Manuel Hernández F. y al Pbro. Leopoldo Prieto Rivero.
  • Al P. Gustavo Sánchez Prieto (rector actual del Seminario) por enseñarme que nadie es merecedor del sacerdocio, sino que es una gracia que solo viene de Dios.
  • Al P. Agustín Becerra (Párroco de Nuestra Señora del Refugio), por sus enseñanzas y trasmitir la alegría de ser sacerdote a los demás.
  • Gracias al Pbro. Roberto Luján Uranga, que durante 7 años de formación fue mi vicerrector y formador, por sus enseñanzas y cariño.
  • Gracias a mis asesores de grupo Pbro. Paulo Medina M, Pbro. David Jaime Q, Pbro. Roberto Luján U, Pbro. Pascual Rodríguez, Pbro. David Valeriano y Pbro. Leopoldo Prieto. Que a través de su acompañamiento fui encontrando el rostro de Cristo Sacerdote.
  • Gracias a aquellos que durante todo este tiempo me han guiado espiritualmente: Mons. Luis Padilla L., Pbro. Félix Chávez C. y Mons. Manuel Ríos G. por su discernimiento y oración.
  • Gracias a mis hermanos de comunidad del Seminario, que ahora ya son sacerdotes: Pbro. Oscar Gaytán A., Pbro. Edgar Estrada L., Pbro., César Araiza C. y al Pbro. Javier Arias Ch., por haber sido parte fundamental en mi vida.
  • Gracias a todos aquellos que fueron mis hermanos de comunidad y que por voluntad del Señor decidieron otro camino.
  • Gracias al P. Fernando Talamantes por su inmenso apoyo.
  • Gracias al Seminario, a sus empleados, a los maestros, sacerdotes y laicos por su esfuerzo y cariño. Especialmente a la Sra. Lula Reza por enseñarme la alegría y la jovialidad de servir a Cristo.
  • Gracias al Pbro. Alejandro Corte A., por su cariño y enseñanzas en esta mi primera experiencia pastoral en la Parroquia de Santa Isabel.
  • Gracias a la comunidad parroquial de Santa Isabel, por quererme y enseñarme que el servicio a los demás no es un don que sale de uno mismo, sino la gran oportunidad y responsabilidad de poder servir a Dios en ellos.
  • Gracias a todos los que directa o indirectamente han sido parte de este camino de formación: aquellos que han orado por mi vocación, aquellos que han brindado poco de lo que tienen al Seminario para su sustento,  aquellos que con una sonrisa demuestran que ¡servir a Cristo es un don maravilloso que Él nos da a través de la Iglesia, con la Iglesia y para la Iglesia.

“In nomine Domini”, Amen.

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