Sobre el uso desmedido del celular y cámaras fotográficas en actos religiosos.


¿Qué tal Catoliscopianos? llegó a mi este interesante texto y se los quiero compartir, no estoy seguro de su fuente solo se que es de un Sacerdote, disfrútenlo y perdón si alguien sale descalabrado.

Hace casi un año, durante la Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid, pude observar la actitud de un sinnúmero de personas que aguardaban el paso del papamóvil. Tras una espera de horas y bajo un sol inclemente, cuando Benedicto XVI se aproximaba, la mayoría de la gente miraba la escena a través de sus cámaras fotográficas. En el par de segundos que el pontífice estuvo frente a ellos, todos dispararon sus máquinas tratando de captar la mejor imagen. Lo importante no era encontrarse con el Santo Padre, sino tener su fotografía.

Pude ver en la Basílica de San Pedro a una gran cantidad de turistas que, apenas al entrar en el recinto sagrado, empezaban a disparar las cámaras. Pocos tenían realmente una actitud reverencial, un encuentro con el sacro; no se penetraba en la mística del lugar ni había asombro por la majestad y los tesoros del templo. Empleaban casi todo el tiempo en sacar fotos que bien podían hallar en cualquier libro, en vez de mirar la realidad con sus propios ojos.

Poniendo los pies en mi parroquia –y ahora que están en apogeo las graduaciones, quinceañeras, confirmaciones, primeras comuniones y bodas– impresiona el abuso que se hace de las cámaras digitales. Muchas personas están más pendientes de captar el momento que de vivirlo. Incluso se llega a estorbar la administración del sacramento. En una ocasión una señora, en un bautizo, me pidió que volviera a derramar el agua a la cabeza del bebé porque su cámara ‘no flachó’. Era más importante la imagen que el sacramento.

Si la cultura de la imagen nos saca a veces de la realidad e impide que la vivamos con toda su intensidad, peor lo está haciendo la telefonía celular. Nuestras juntas y reuniones suelen estar interrumpidas por celulares que repican. Nos desconectamos del momento presente para comunicarnos con otros. En el cine, en fiestas, en el coche, en el parque, en las vacaciones, en el restaurante y hasta en el baño se contesta el móvil.

El teléfono celular se ha convertido en un dolor de cabeza para el matrimonio. Telefonemas imprudentes, llamadas sospechosas, mensajes de texto reveladores, espionaje entre maridos y mujeres, frustraciones por tener que contestar las llamadas cuando quieren estar juntos. Los aparatos sirven para facilitar la comunicación y, al mismo tiempo, para agrandar las distancias entre los cónyuges.

¿Qué decir de la Santa Misa? Es el momento más sublime del día. En ella el sacerdote y los fieles se salen del tiempo para entrar en la eternidad de Dios. En la Eucaristía asistimos al Cenáculo para escuchar la Palabra divina y vamos al Calvario para unirnos al santo Sacrificio de Cristo. De pronto suena un celular. Da fastidio. Pero más enfadoso es que algunos se levantan y salen de la iglesia para atender la llamada. Lo insoportable es que otros ya empiezan a contestarlo durante la celebración: “Estoy en Misa, viejo, es que el padre ya se está tardando mucho, ahorita te hablo”; “voy en la fila para comulgar, llámame luego”.

Fotos y celulares nos hacen olvidar la vida real y la experiencia real para vivir en un mundo de imágenes, aparatos y pantallas que, si bien han traído muchas bendiciones –y yo soy el primero en utilizarlos– están evidenciando nuestra pobreza interior, nuestro falta de autocontrol para decir ‘ahora no’ a una llamada o a una fotografía.

Conservo una bella fotografía del día de mi primera Comunión. Aparecemos un grupo de niños rodeando a monseñor Manuel Talamás, quien nos administró el sacramento. Pero no existe una imagen que evidenciara el momento en que tenía abierta mi boca y recibía la Hostia consagrada. No por ello estoy frustrado ni se acabó el mundo. Estoy seguro que sí la hice, aunque no tenga la foto. Menos mal que en aquellos años no existían los celulares. Seguramente me habrían espantado la devoción.

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2 comentarios en “Sobre el uso desmedido del celular y cámaras fotográficas en actos religiosos.

  1. Efectivamente asi es me da impotencia cuando en mi parroquia y en el momento de la consagración las personas contestan su celular, otras como dice el articulo se salen de la misa para contestarlo, un dia una señora conversó unos 5 minutos con otra persona en la iglesia, me parece una falta de respeto

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