Hoy celebramos el día de las madres. A esas mujeres que con tanta paciencia, dolor, cansancio, pero sobre todo con tanto amor nos han traído al mundo.
Creo que a veces nos cuesta tanto trabajo el comprender a nuestra madre ya que pensamos que exagera su comportamiento con nosotros al tenernos en algunas ocasiones tan sobreprotegidos, como si quisiera controlar nuestra vida y mantenernos en una burbuja para que no nos pasara nada, y tal eso puede molestarnos, pero lo que no sabemos, es que todo eso que hace es por AMOR. ¿A qué madre le gustaría ver a su hijo envuelto en malas amistades, sufriendo y haciendo de su vida un desastre? Considero que a ninguna. Aun no he tenido la dicha de ser madre, pero mi mamá siempre me dice: “cuando tengas a tus propios hijos me entenderás” y en verdad tiene razón. Una madre nunca busca fastidiarte, no quiere que hagas una vida según su criterio, una madre simplemente quiere lo mejor para ti y su función es guiarte y apoyarte.
Una madre NO es una chacha que está ahí para limpiar tu cuarto, lavar tu ropa y hacerte comida cada vez que se te antoje o tengas flojera. Una madre es muchísimo más que eso: es tu consejera y tú amiga, alguien que está ahí para aplaudir tus logros y para ayudarte a levantarte cuando has caído con un gran consejo aunque a veces no queramos escucharla. Una madre es un regalo de Dios, una bendición y quien más nos ama en esta vida terrenal.
Muchos tenemos la fortuna y la bendición de tener todavía en este mundo a nuestra madre, en cambio a la de otros, el Señor las ha llamado a un lugar mejor. Es por eso que no sólo en este día celebra y consiente a tu madre, hazlo todos los días porque el día que ya no la tengas contigo, será el día en el que te des cuenta lo importante que es esa mujer en tu vida y la falta que te hace.
Valórala, ayúdala, apóyala, cuídala, pero sobre todo: AMÁLA.
Y hay quienes dicen “madre, solo hay una” pero en realidad no, cada uno de nosotros tiene dos madres: nuestra madre terrenal y a nuestra madre celestial: la Virgen María.
Ella es el modelo ejemplar de una excelente madre que en todo momento amó a su hijo. Es una madre amorosa, entregada, valiente y ¡uf!, muchísimas virtudes más que nuestra madre María posee que no terminaría de escribirlas. Con su oración, con su poderosa intercesión día con día nos protege con su Santo manto y nos lleva amorosamente por el camino de su hijo amado Jesucristo. Ella también es nuestra madre y merece todo nuestro respeto y admiración.
Y a todas las mujeres, que ya son madres, están en la espera, o simplemente deseamos serlo algún día, tomemos el ejemplo de María y de nuestra propia madre para en un futuro saber guían con amor y entrega a nuestros hijos y comprender la difícil pero hermosa tarea que es el ser madre.
Feliz día de las madres hoy y siempre.
Marisela Rascón
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