Consejería Gatoniana Cristiana. Cuando las cosas son tan fáciles y simples.

En ocasiones confundimos la humildad con una actitud de hacerlo todo fácil o demasiado simple, cosa que no es mala en todos los sentidos, pero también como todo, es necesario saber como y cuando. Veamos:

Ser humilde no significa caer en lo vulgar y lo ordinario, sobre todo cuando se trata de momentos como la adoración. Imagínate por un instante que eres invitado a ver al Presidente de tu país, te aseguro que no acudirás a la cita en ropa deportiva, con tus tenis roñosos y tus cabello como si te hubiera explotado el calentador. Ahora, ¿Porque a las celebraciones Litúrgicas si asistes así?, te recuerdo vas a estar en presencia del Rey de reyes y Señor de señores, ¿acaso eso no te indica nada? Usa el sentido común por instante.

Hace ya algunos años que el cristianismo se esta secularizando, esto significa que estamos en una época en la que los usos del mundo van ganando terreno, la música, la actitud, las posturas, etc… frente a lo sagrado que se ha ido relajando. Y obviamente esto no es bueno, la linea que separa lo mundano de lo sacro es necesaria para distinguir los objetivos y metas que perseguimos. Hoy parece que tememos al silencio sacro (supongo que el silencio reta a muchos y los saca de su zona de confort), hoy parece que la actitud reflexiva y meditativa de una vida en la búsqueda del encuentro con Dios sale sobrando, por que es mas necesario para el hoy, el “sentir bonito” y el excitar los sentidos a modo de que no nos veamos defraudados frente a los desiertos espirituales que antes eran tan bien acogidos por los grandes Santos.

Hoy parece que el ruido y la banalidad ganan terreno en nuestras comunidades, se piensa que estar rodeado de ruidosos como nosotros es estar rodeado de Dios, nuestras meditaciones actuales se convierten en meditaciones guiadas al ritmo de música secular disfrazada de cristiana y finalmente terminamos creyendo que la vida cristiana se basa en ciclos, es decir, cuando llega un determinado momento dejas de ir a la comunidad por que “ya maduraste” cuando en realidad, dejaste de ir, por que lo que con tanto anhelo buscabas no lo encontraste debido a esa actitud antropocentrica que confundiste con “cristocentrica”.

La vida cristiana, hermanillos de la creación, requiere de equilibrio y ascética (una palabra que le da miedo hasta a los lideres cristianos de hoy en día) dejame te explico:

El equilibrio cristiano consiste en saber como y cuando como nos lo dice el libro del Eclesiastes, saber que hay un momento para cada cosa y yendo mas allá, que hay un instante en el que debes entender tu vocación en el mundo y no querer ser lo que no eres, si eres un Sacerdote, pórtate como tal, pues escogiste un camino de renuncia al mundo y de entrega a lo sagrado, tu vida misma es parte de lo Sacro y si tu no das testimonio de lo sacro, pues esta pelón que pidas a los fieles que sean santos es decir, “apartados del mundo y el buen perfume de Cristo”, si eres religiosa (o) recuerda que tu renuncia es mas radical y eso de coquetear con las formas del mundo supuestamente para “evangelizar” es puro cuento y demuestra que eres un inmaduro que no se da cuenta del vago concepto que tienes de lo que dice el Salmo cuando habla de que: “en presencia de DIOS y de todo el pueblo cumplirás tus votos”, si eres laico líder de algún grupo o comunidad, recuerda que no eres ni cura, ni religioso y que tu deber no es suplantar a la autoridad sino guiar a los demás viviendo TU ESTADO a ser verdaderos Teoforos, es decir PORTADORES de DIOS, la Escritura nos recuerda que Moises nunca ocupo el lugar de Aarón, es decir, cada uno de nosotros tiene un don y una vocación que cumplir. Si eres un laico normalito, recuerda que no eres un “simple laico” como muchos Sacerdotes y otros dicen, eres el BUEN olor de Cristo, luz y sal del mundo y tu deber es santificarte en medio de tu cotidianidad, hacer de tu vocación tu sacerdocio y de tus haberes, tu altar.

Mantener el equilibrio también implica que desde jóvenes aprendamos a discernir y a poner cada cosa en su lugar, a diferenciar entre aquello que es Litúrgico y parte de una Tradición Apostólica y que merece toda solemnidad de aquello que permite usar toda la Creatividad que Dios nos dio, creo que esto lo entenderás fácilmente, se trata de ser creativos y alegres en nuestro modo de Evangelizar, pero también de ser solemnes y respetuosos de aquello que la Iglesia ha puesto como medio para nuestra santificación y modo de Adoración, es decir en lo Litúrgico, en lo formal que implica la administración de los sacramentos.

Ahora y por ultimo, la ascética, esta no es tan terrible como crees, va desde un ayuno de 40 días (jejeje) hasta la simpleza del silencio para preparar nuestra alma al encuentro con el Amado. Las penitencias y mortificaciones dependen del espíritu de cada persona (previa dirección espiritual) y ojo, no son para presumirse, sino para vivirse en la intimidad con Dios.

En fin, cuando las cosas son tan fáciles y simples que se confunden con la humildad y no tienen un marco de disciplina, mmm, pues mas que virtudes son deficiencias que con el tiempo pueden traer relajamiento a tu espíritu y terminaran por hacer de tu búsqueda de Cristo una mentira, pues en realidad te pasara lo que a muchos, terminaras por buscar mas bien tu propia comodidad y un dios a tu medida, un dios muy “misericordioso” que de tanto “amor” te dejara hueco, egoísta y orgulloso de tus propios triunfos (Y aprobando cuanta tontería te ofrezca el mundo), aunque al final te encuentres con que todo fue paja…

Tu hermano en Cristo Alberto.OP

Adviento: viene nuestro Rey

El adviento con Benedicto XVI

“Adviento”. ¿Qué significa verdaderamente este tiempo? “Adviento” es una palabra latina que podemos traducir con las españolas “presencia”, “llegada”. En el lenguaje del mundo antiguo, era un tecnicismo que designaba la llegada de una autoridad, especialmente la presencia en la provincia de los reyes o los emperadores. Pero también se utilizaba para expresar la venida de la divinidad, que sale de su soledad, se revela a los hombres y manifiesta su presencia, o para indicar la presencia de Dios celebrada solemnemente en el culto. Los cristianos la adoptaron para exponer su peculiar relación con Jesucristo. Para los cristianos, Jesús es el rey llegado a esta pobre provincia “tierra”, a la que ha regalado la fiesta de su visita. Él es el Señor, en cuya presencia en medio de la asamblea litúrgica creen los cristianos. Con esta palabra querían expresar la siguiente idea: Dios esta presente, no se ha alejado del mundo ni nos ha dejado solos. Aun cuando no podamos verlo ni percibirlo como a las demás cosas, está presente y se dirige a nosotros de múltiples formas. El Adviento nos hace recordar dos cosas: de un lado, que la presencia de Dios en el mundo ha comenzado ya, que está presente de un modo misterioso; de otro, que su presencia acaba de comenzar, no se ha consumado, sino que está creciente, deviniendo y madurando. Su presencia ha comenzado ya, y nosotros, los cristianos, somos los hombres a través de los cuales Él quiere estar presente en el mundo. Mediante nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor quiere hacer que su luz alumbre de nuevo la noche del mundo. Así es como las luces, que hemos encendido en las noches oscuras de esta estación invernal, son consuelo y exhortación: certeza consoladora de que la luz del mundo ha salido ya en la oscuridad de la noche de Belén, de que la noche profana de los pecados humanos se ha transformado en la noche sagrada del perdón divino de los mismos.

Joseph Ratzinger, Cooperadores de la verdad

Patmos, Madrid, 1991 pág. 457

Por Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina

“Los grados de oración” de Fray Juan Gonzalez Arintero OP.

“La vida mística, podemos decir, abarca en cierto modo toda la vida propiamente cristiana; puesto que todo fiel cristiano, por el mero hecho de bautizarse en Cristo —que es como despojarse místicamente de sí mismos y revestirse de El—, simboliza su propia muerte a todo, su espiritual sepultura y resurrección, y su nueva vida escondida con Cristo en Dios. —Y esa misteriosa vida— así oculta en Dios es la vida mística, que en cada cristiano, para que sea perfecto y como otro Cristo —christianus alter Christus— debe reproducir, según luego veremos, todos los adorables misterios de nuestro Salvador”. (Primeras palabras de “Los grados de oración”).
 
Fuente: Traditio Spiritualis Sacri Ordinis Praedicatorum

DOMINGO III DE ADVIENTO-B: VIVAN SIEMPRE ALEGRES

mariaÉste es llamado el domingo de la alegría, porque toda la Palabra de Dios nos invita a a alegría que viene de Dios. La lectura de Isaías nos presenta primero al Ungido por el Espíritu Santo, Cristo, que viene a proclamar el Evangelio, que significa buena nnoticia, y a preginar un año de gracia del Señor, es decir, un tiempo especial de abundancia de los dones de Dios que nos trae la paz, el consuelo, el descanso, la libertad.

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EMPERATRIZ DE LAS AMÉRICAS: ¡GRACIAS, MADRE!

Diez años después de la conquista de México, el día 9 de diciembre de 1531, Juan Diego iba rumbo al Convento de Tlaltelolco para oír misa. Al amanecer llegó al pie del Tepeyac. De repente oyó música que parecía el gorjeo de miles de pájaros. Muy sorprendido se paró, alzó su vista a la cima del cerro y vio que estaba iluminado con una luz extraña. Cesó la música y en seguida oyó una dulce voz procedente de lo alto de la colina, llamándole: “Juanito; querido Juan Dieguito”. Juan subió presurosamente y al llegar a la cumbre vio a la Santísima Virgen María en medio de un arco iris, ataviada con esplendor celestial. Su hermosura y mirada bondadosa llenaron su corazón de gozo infinito mientras escuchó las palabras tiernas que ella le dirigió a él. Ella habló en azteca. Le dijo que ella era la Inmaculada Virgen María, Madre del Verdadero Dios. Le reveló cómo era su deseo más vehemente tener un templo allá en el llano donde, como madre piadosa, mostraría todo su amor y misericordia a él y a los suyos y a cuantos solicitaren su amparo. “Y para realizar lo que mi clemencia pretende, irás a la casa del Obispo de México y le dirás que yo te envío a manifestarle lo que mucho deseo; que aquí en el llano me edifique un templo. Le contarás cuanto has visto y admirado, y lo que has oído. Ten por seguro que le agradeceré bien y lo pagaré, porque te haré feliz y merecerás que yo te recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo. Ya has oído mi mandato, hijo mío, el más pequeño: anda y pon todo tu esfuerzo”.

Juan se inclinó ante ella y le dijo: “Señora mía: ya voy a cumplir tu mandato; me despido de ti, yo, tu humilde siervo”.

Cuando Juan llegó a la casa del Obispo Zumárraga y fue llevado a su presencia, le dijo todo lo que la Madre de Dios le había dicho. Pero el Obispo parecía dudar de sus palabras, pidiéndole volver otro día para escucharle más despacio.

Ese mismo día regresó a la cumbre de la colina y encontró a la Santísima Virgen que le estaba esperando. Con lágrimas de tristeza le contó cómo había fracasado su empresa. Ella le pidió volver a ver al Sr. Obispo el día siguiente. Juan Diego cumplió con el mandato de la Santísima Virgen. Esta vez tuvo mejor éxito; el Sr. Obispo pidió una señal.

Juan regresó a la colina, dio el recado a María Santísima y ella prometió darle una señal al siguiente día en la mañana. Pero Juan Diego no podía cumplir este encargo porque un tío suyo, llamado Juan Bernardino había enfermado gravemente.

Dos días más tarde, el día doce de diciembre, Juan Bernardino estaba moribundo y Juan Diego se apresuró a traerle un sacerdote de Tlaltelolco. Llegó a la ladera del cerro y optó ir por el lado oriente para evitar que la Virgen Santísima le viera pasar. Primero quería atender a su tío. Con grande sorpresa la vio bajar y salir a su encuentro. Juan le dio su disculpa por no haber venido el día anterior. Después de oír las palabras de Juan Diego, ella le respondió: “Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige. No se turbe tu corazón, no temas esa ni ninguna otra enfermedad o angustia. ¿Acaso no estoy aquí yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy tu salud? ¿Qué más te falta? No te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella; está seguro de que ya sanó”.

Cuando Juan Diego oyó estas palabras se sintió contento. Le rogó que le despachara a ver al Señor Obispo para llevarle alguna señal y prueba a fin de que le creyera. Ella le dijo:

“Sube, hijo mío el más pequeño, a la cumbre donde me viste y te di órdenes, hallarás que hay diferentes flores; córtalas, recógelas y en seguida baja y tráelas a mi presencia”.

Juan Diego subió y cuando llegó a la cumbre, se asombró mucho de que hubieran brotado tan hermosas flores. En sus corolas fragantes, el rocío de la noche semejaba perlas preciosas. Presto empezó a córtalas, las echó en su regazo y las llevó ante la Virgen. Ella tomó las flores en sus manos, las arregló en la tilma y dijo: “Hijo mío el más pequeño, aquí tienes la señal que debes llevar al Señor Obispo. Le dirás en mi nombre que vea en ella mi voluntad y que él tiene que cumplirla. Tú eres mi embajador muy digno de confianza. Rigurosamente te ordeno que sólo delante del Obispo despliegues tu tilma y descubras lo que llevas”.

Cuando Juan Diego estuvo ante el Obispo Fray Juan de Zumárraga, y le contó los detalles de la cuarta aparición de la Santísima Virgen, abrió su tilma para mostrarle las flores, las cuales cayeron al suelo. En este instante, ante la inmensa sorpresa del Señor Obispo y sus compañeros, apareció la imagen de la Santísima Virgen María maravillosamente pintada con los más hermosos colores sobre la burda tela de su manto.

Publicado por Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina 

Sobre el Demonio- San Agustín

“Cuando es acusado, el diablo se goza. Es más, quiere que le acuses, acepta gustosamente toda tu recriminación, ¡si esto sirve para disuadirte de hacer tu confesión!” (San Agustín)

Empecemos hablando claro: el Demonio existe y siempre está rondando alrededor de todos nosotros buscando a quién perder. Pero al mismo tiempo que hoy en día nos encontramos en el Pueblo de Dios de hoy un error por defecto: el considerar al Diablo como un ser irrelevante o incluso negar su existencia; también podemos caer, como hombres pecadores que somos, en un error por exceso: ver la mano del Tentador en todas nuestras faltas.

Muchísimos santos nos recuerdan que en esta existencia terrenal hay tres tipos de tentaciones: las del Mundo, las de la Carne y las del Diablo; y el buen cristiano debe lucharlas todas. El Diablo está presente sí, y su voz insinuante y tentadora nos acompaña muchísimas veces, pero no siempre tiene la culpa: a veces es simplemente nuestra más profunda concupiscencia, una concupiscencia que no queremos abandonar o simplemente somos tan amigos del Mundo que no queremos rehusar ni a sus goces ni a sus delicias. Y entonces cuando caemos le gritamos: “¡Me haces pecar malvado! ¡Vete!”. Pero él se goza. Él se ríe y se burla pues le achacamos el mal que hacemos por nuestra carne o por seguir al mundo, y así no nos convertimos. Él ha ganado por habernos hecho creer en la falsedad a fe ciega y así evitar nuestro arrepentimiento auténtico. No en vano él es el Príncipe de la Mentira y disfruta con nuestras equivocaciones.

Por eso nosotros, no debemos olvidar que él existe pero que con Cristo tenemos la Victoria sobre él. Solo su Gracia y un acudir a los sacramentos de forma constante y correcta, como manda la Iglesia, podremos librarnos de las insidias del Enemigo. Vencer al mal con el Bien, ser testigos del Resucitado en medio de esta generación descreída y pregonar el Amor y el Perdón de Dios aplicándolo en nuestras vidas y con nuestro prójimo. Solo así podremos oír en nuestro corazón y en nuestra alma las palabras de Jesús: “Veía caer a Satanás como un rayo“, para luego llegar el día en el que el Cristo nos coronará con la vida imperecedera, dándonos el premio por pura gracia en nuestra carrera por la Vida y reinaremos con Él en su Reino de Justicia y Derecho.

Para concluir, me gustaría señalar que es curioso leer como parece ser que en tiempos de San Agustín los cristianos dejaban de confesarse pues achacaban sus pecados al Demonio y así consideraban que no habían perdido la gracia de Dios, mientras que hoy en día muchas veces la ausencia de Confesión viene de una visión casi totalmente opuesta: o no existe el Diablo ( y por tanto ni el mal ni el castigo) o no somos tan malos (sino buenos) y por tanto no necesitamos del perdón de los pecados. No huyamos de la Confesión. Es nuestra única vía de escape cuando nos asfixia el olor a cadáver que desprende un alma en pecado mortal.

Fuente: francescopetrarca.wordpress.com