Me parece que la palabra amigo viene de amor: El amor es cierta afición del alma racional por la que ella busca algo con ardor y lo desea para gozarlo; lo goza con cierta suavidad interior, lo abraza y lo guarda como adquisición propia. El amigo es el guardián del alma. Sí, es necesario que mi amigo sea custodio del mutuo amor y, aún más, de mi misma alma, para que guarde con silencio fiel todos sus secretos; para que cure y cargue con todas sus fuerzas cualquier vicio que vea; para que goce cuando gozo y llore cuando lloro; y sienta que las cosas de su amigo son todas suyas.
Por tanto, amistad es la virtud que une a las almas con tal vínculo de dulzura y amor de elección, de que varios hace uno sólo. De allí que los mismos filósofos paganos colocaran la amistad entre las virtudes eternas. Muy semejante a lo que nos enseña el Espíritu Santo cuando dice en Proverbios: El que es amigo ama en todo tiempo. Con estas palabras declara expresamente que la amistad es eterna si es verdadera, pues si dejara de existir nunca habría sido verdadera aunque lo pareciera.
Nunca fue verdadero amigo el que pudo herir al que en otro tiempo recibió en amistad; ni probó las delicias de la verdadera amistad el que, cansado, dejó de amar con predilección al que antes amó… porque “en todo tiempo ama el que es amigo”. Aunque fuera regañado, burlado, entregado a las llamas y padeciera en la cruz, en todo tiempo ama el que es amigo y, como dijo San Jerónimo: La amistad que terminó, jamás fue verdadera.
¿Es entonces posible ser amigos? Siendo tanta la perfección de la verdadera amistad, no es extraño que hayan sido tan pocos aquellos a quienes los antiguos tuvieron por verdaderos amigos. Pero el cristiano no debe perder la esperanza de alcanzar cualquier virtud, porque cotidianamente clama la voz del Evangelio: Pidan y recibirán.
Entre los creyentes te puedo citar miles de amigos, prontos a morir los unos por los otros, ¿Acaso no se escribió en las Sagradas Escrituras que la multitud de los creyentes cristianos era un solo corazón y una sola alma? Ninguno decía que algo fuera suyo, sino que todas las cosas les eran comunes. ¿Cuántos mártires entregaron sus vidas por sus hermanos? Recuerdo haber leído muchas veces, y no sin lágrimas, la historia de aquella joven de Antioquía, librada de un lugar infame (el prostíbulo) por un militar que se convirtió en guardián de su pudor, y que despues fue su compañero de martirio.
Contaría otros muchos ejemplos, pero sería de no acabar. Su misma abundancia nos impone silencio. Pues lo anunció Cristo Jesús: Nadie tiene, dijo, mayor amor, que el que da la vida por sus amigos.
Entonces, ¿no se distingue la caridad de la amistad? Al contrario, se distingue, y mucho. Por Ley Divina, son muchos más los que debemos recibir en el regazo de la Caridad, que en el abrazo de la amistad. Manda la Caridad que en el seno del amor deben entrar amigos y enemigos. Pero sólo damos el nombre de amigos a los que no tememos confiar nuestro corazón con todo lo que hay en él, a los que, por su parte, se sienten ligados a nosotros por la misma fidelidad y confianza.
¡Cuántos hay que, llevando una vida según el mundo y consintiéndose mutuamente cualquier vicio, se unen en amistad con los que se les parecen y experimentan que tal unión es más agradable y más dulce que todas las delicias del mundo!
Fuente: Amistad espiritual de San Elredo de Rievaulx
Me parece que la palabra amigo viene de amor: El amor es cierta afición del alma racional por la que ella busca algo con ardor y lo desea para gozarlo; lo goza con cierta suavidad interior, lo abraza y lo guarda como adquisición propia. El amigo es el guardián del alma. Sí, es necesario que mi amigo sea custodio del mutuo amor y, aún más, de mi misma alma, para que guarde con silencio fiel todos sus secretos; para que cure y cargue con todas sus fuerzas cualquier vicio que vea; para que goce cuando gozo y llore cuando lloro; y sienta que las cosas de su amigo son todas suyas. Leer el resto de esta entrada »