“Señor, ya de mañana escuchas mi voz, temprano te presento mi súplica, y me quedo a la espera” Salmo 5, 3
No cabe duda de que el mejor momento para orar es el momento en que decidas hacerlo, pues no se puede esperar a que todo esté en orden para orar, a veces es lo contrario, debes ponerte a orar, sea como sea que estén las cosas para que todo se ponga en orden. No obstante el Salmista sí nos pasa algo de su propia experiencia, y que no es menor. Sin importar como hayamos acabado el día anterior, una vez más la tierra ha girado sobre su eje y para nuestros ojos humanos y nuestras sensaciones está empezando un día, y con ello la sensación de inicio. Por lo que desde la experiencia del salmo, es empezando el día que se hace la primera oración, que te expones y expones delante de Dios tu oración. Ese primer momento del día es básico, pues es la opertura de la sinfonía de toda una jornada, y dejarla en manos de Dios desde el inicio es básico para que todo tenga otro color. Los dos refranes de la calle se complementan aquí: “al que madruga… Dios lo ayuda”…. en este contexto podríamos decir que si madrugas busca la ayuda de Dios desde temprano y la historia de tu día será otra.
“No por mucho madrugar se amanece más temprano”; o sea no es porque ores temprano que adelantas en la fila de trámites celestiales, que de por sí no existe; al orar temprano dejas en paz tu alma a tiempo para empezar el día y quedas a la espera en la esperanza del justo. No cabe duda que ver el día empezar es ver la fidelidad de Dios en acción, Dios sigue creyendo en nosotros, y ese es buen momento para orar, porque te haces parte de esa esperanza y tu oración se une a toda esa declaración de la naturaleza. Ánimo.
Fuente: http://tinvalro.macmate.me

NOVENA:
El Ángelus es una pequeña práctica de devoción en honor de la Encarnación repetida tres veces cada día: mañana , mediodía y al caer la tarde, al toque de Campana. Consiste esencialmente en la triple repetición del Ave María, a las cuales en subsiguientes tiempos, le fueron agregados, de forma intercalada, tres versos más, y uno de conclusión, y una pequeña oración. La oración es la que pertenece a la antífona de Nuestra. Señora “Alma Redemptoris”, y su recitación no es de estricta obligación para ganar indulgencia. La devoción deriva su nombre de la primera palabra del primer verso: “El Angel del Señor anunció a María…” (. Angelus Domini nuntiavit Mariæ…). La indulgencia de 100 días por cada recitación -con indulgencia plenaria una vez al mes- fue concedida por Benedicto XIII, el 14 de septiembre de 1724, pero las condiciones prescritas habían sido levemente modificadas por León XIII, el 3 de abril de 1884. Originalmente era necesario que el Ángelus se dijese de rodillas (excepto en domingos y tarde de los sábados, cuando las rúbricas prescribían postura de pie) , y que se recitara al toque de campanas; pero una más reciente legislación permite dispensar de éstas regulaciones por motivos justificados, con tal que la Oración sea dicha en las horas apropiadas – mañana, al mediodía y por la tarde. En éste caso, el Ángelus debe ser dicho como oficialmente ha sido impreso; pero aquellos que no conocen la oración de corazón, o no saben leer, pueden decir cinco avemarías en su lugar. Durante el tiempo pascual, la antífona “Salve Reina del cielo…” con sus versos y oración, sustituye al Ángelus. Las indulgencias del Ángelus son algunas de las que no se suspenden durante el año del Jubileo. 






