Existe una necesidad grande de evangelizar


“El hecho de predicar el Evangelio no es para mí motivo de soberbia. No tengo más remedio. Y ay de mí si no anuncio en Evangelio” (1 Cor 9,16)

 

LLAMADA DE DIOS

 manosjesustm7“’Esta Sociedad comenzó siendo una simple catequesis’.  También para nosotros la evangelización y la  catequesis son la dimensión fundamental de nuestra misión. Como Don Bosco, estamos llamados, todos y en todas las ocasiones, a ser educadores de la fe. Nuestra ciencia más eminente es, por tanto, conocer a Jesucristo, y nuestra alegría más íntima, revelar a todos las riquezas insondables de su misterio. Caminamos con los jóvenes para llevarlos a la persona del Señor resucitado, de modo que descubriendo en Él y en su Evangelio el sentido supremo de su propia existencia, crezcan como hombres nuevos” (Const. 34).

 (1) Comunidad evangelizada y evangelizadora

 

“El término evangelización tiene un significado muy rico. En sentido amplio, resume la entera misión de la Iglesia: en efecto, toda su vida consiste en realizar (…) el anuncio y la transmisión del Evangelio, que es ‘potencia de Dios para la salvación de todo el que cree’ (Rm 1,16) y que en última esencia se identifica con Jesucristo (cf. 1 Cor 1,24). (…) En todo caso,  evangelizar significa no sólo enseñar una doctrina, sino anunciar al Señor Jesús con palabras y acciones, es decir, hacerse instrumento de su presencia y acción en el mundo” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal sobre algunos aspectos de la evangelización, n. 2). Insertos en la Iglesia y guiados por el Espíritu, trabajamos por la llegada del Reino de Dios, “llevando a los hombres el mensaje del Evangelio en íntima unión con el desarrollo del orden temporal” (Const. 31

 La fuente de toda la obra de evangelización está en el encuentro personal con Cristo. Tal experiencia es para nosotros un evento cotidiano que se renueva en la escucha de la Palabra de Dios, en la participación en el misterio pascual por medio de la liturgia y los sacramentos, en la participación fraterna y en el servicio a los jóvenes.

  María, que fue la primera en acoger y llevar el anuncio de salvación, nos enseña a realizar comunidades evangelizadas y evangelizadoras. De ella aprendemos que la profundidad de la experiencia de Dios es la raíz de la misión y que el primero y principal camino de evangelización es el testimonio de fe. Tal testimonio se hace más convincente cuando nosotros nos acercamos a los jóvenes como amigos y los acompañamos como padres y maestros, irradiando alegría y esperanza. De este modo transmitimos aquello en que creemos, y mostramos con la vida lo que anunciamos.

 (2) Centralidad de la propuesta de Jesucristo

 Consideramos la evangelización como la urgencia principal de nuestra misión, concientes de que los jóvenes tienen derecho a oír anunciar la persona de Jesús como fuente de vida y promesa de felicidad en el tiempo y en la eternidad. Nuestro “objetivo fundamental está en proponer a todos 1191501201_fvivir la existencia humana como la ha vivido Jesús. (…) Central debe ser el anuncio de Jesucristo y de su Evangelio, juntamente con la llamada a la conversión, a la acogida de la fe y a la inserción en la Iglesia; de aquí nacen luego los caminos de fe y de catequesis, la vida litúrgica, el testimonio de la caridad activa” (Benedicto XVI, Carta al Rector Mayor, n. 4).

 Por medio de la Iglesia, el Señor Jesús nos llama a realizar una nueva evangelización: “nueva en su ardor, en sus métodos y en sus expresiones” (Juan Pablo II, Discurso a la Asamblea del CELAM, 9 de marzo de 1983). Esto nos compromete a preparar, con creatividad y audacia, itinerarios diversificados para llevar a los jóvenes al encuentro personal con Cristo, de modo que maduren la voluntad de seguirlo y se hagan apóstoles del Evangelio, constructores de un mundo nuevo. Esta tensión, que es el alma de toda intervención educativa nuestra; nosotros la debemos comunicar también a los seglares, implicándolos cada vez más en tareas pastorales.

  (3)  Evangelización y educación

 La evangelización requiere salvaguardar juntas la integridad del anuncio y la gradualidad de la propuesta. Don Bosco asumió esta doble atención para poder proponer a todos los jóvenes una profunda experiencia de Dios, teniendo en cuenta su situación concreta.

 En la tradición salesiana hemos expresado tal relación de modos diversos: por ejemplo, “honrados ciudadanos y buenos cristianos”, o bien, “evangelizar educando y educar evangelizando”. Advertimos la exigencia de proseguir la reflexión sobre esta delicada relación. En todo caso estamos convencidos de que la evangelización propone a la educación un modelo de humanidad plenamente lograda y que la educación, cuando llega a tocar el corazón de los jóvenes y desarrolla el sentido religioso de la vida, favorece y acompaña el proceso de evangelización: “en efecto, sin educación no hay evangelización duradera y profunda, no hay crecimiento y maduración, no se da cambio de mentalidad y de cultura” (Benedicto XVI, Mensaje al CG 26, n. 4).

 Por esto, desde el primer momento la educación debe inspirarse en el Evangelio y la evangelización debe adaptarse a la condición evolutiva del joven. Sólo así él podrá descubrir en Cristo la verdadera identidad propia y crecer hacia la plena madurez; sólo así el Evangelio podrá tocar en profundidad su corazón, sanarlo del mal y abrirlo a una fe libre y personal.

 Conscientes de que estamos llamados a educar y evangelizar también mentalidades, lenguajes, costumbres e instituciones, nos comprometemos a promover el diálogo entre fe, cultura y religiones; esto ayudará a iluminar con el Evangelio los grandes desafíos que ponen a la persona humana y a las sociedades los cambios epocales y a transformar el mundo con la levadura del Reino.

 (4)  Evangelización en los diversos contextos

 La urgencia de llevar el anuncio del Señor Resucitado nos impulsa a confrontarnos con situaciones que resuenan en nosotros como llamada y preocupación: los pueblos todavía no evangelizados, el secularismo que amenaza tierras de antigua tradición cristiana, el fenómeno de las emigraciones, las nuevas formas dramáticas de pobreza y de violencia, la difusión de movimientos y sectas. Nos sentimos también interpelados por algunas oportunidades, como el diálogo ecuménico, interreligioso e intercultural, la nueva sensibilidad por la paz, por la tutela de los derechos humanos y por la salvaguardia de la creación, tantas expresiones de solidaridad y de voluntariado que cada vez más se difunden en el mundo.

 Estos elementos, reconocidos por las Exhortaciones apostólicas después de los Sínodos continentales, constituyen desafíos para toda la Iglesia y nos comprometen a encontrar nuevos caminos para comunicar el Evangelio de Jesucristo respetando y valorizando las culturas locales. De aquí la exigencia de que toda región e Inspectoría se esfuerce por individuar las formas más idóneas para realizar la misión común en la especificidad de los contextos.

 

SITUACIÓN

 (5)  Comunidad evangelizada y evangelizadora

 Muchos hermanos viven con intensidad la pasión por Dios y por los jóvenes. Ésta se manifiesta en el deseo de una vida consagrada más profética, que se caracterice por la profundidad espiritual, la fraternidad sincera y el valor apostólico. De este modo, viviendo y trabajando juntos, sienten que pueden dar un testimonio auténtico y gozoso del carisma y atraer a los jóvenes a confrontarse seriamente con la propuesta cristiana y con la misma vida consagrada.

 Por otra parte, hay entre nosotros superficialidad espiritual, activismo frenético, estilo de vida aburguesado,  débil testimonio evangélico, entrega parcial a la misión. Esto se traduce en la dificultad para hacer ver la propia identidad de consagrados y en la timidez apostólica. La complejidad de ciertas obras corre el peligro a veces de absorber las energías de los hermanos en funciones de gestión, debilitando el compromiso primario de educadores y evangelizadores.

 (6)  Centralidad de la propuesta de Jesucristo

 La educación de los jóvenes en la fe, relanzada por el CG 23, ve el empeño generoso de muchos hermanos para proponer experiencias y recorridos Animaci%25C3%25B3n111diversificados por edades, adaptados a las diversas condiciones juveniles y realidades culturales. A pesar de esto, se constata que la invitación para construir itinerarios para conducir a los jóvenes a encontrar al Señor Jesús no ha sido acogida plenamente.

 Nuestras iniciativas no están siempre claramente orientadas a la educación en la fe. Los procesos de catequesis son débiles y en muchos casos no suscitan en los jóvenes una vida sacramental convencida y regular, una verdadera pertenencia eclesial y un valiente compromiso apostólico. La falta de organicidad y continuidad, fruto también de insuficiente reflexión y estudio, ha llevado a veces a actuar más una pastoral de las iniciativas y de los eventos que de los procesos. En otros casos las propuestas no han sido suficientemente insertas en los caminos de las iglesias locales.

  En muchos contextos se experimenta una cierta fatiga debida a la lejanía de la fe de los jóvenes, a las resistencias provocadas por una mentalidad secularizada difundida también entre las familias, a un respeto malentendido de las tradiciones religiosas no cristianas, a la falta de valor y de sabiduría por parte de los educadores.

 .(7)  Evangelización y educación

 Percibimos que el carisma salesiano es parte viva de las Iglesias locales y es estimado por ellas. El Sistema Preventivo de Don Bosco es más actual que nunca y goza en todas partes de una gran fuerza de atracción. Muchos jóvenes están abiertos a la búsqueda de sentido de la vida y disponibles para una propuesta educativa y cristiana seria y valiente. No faltan jóvenes dispuestos a comprometerse en primera  persona en la evangelización de sus coetáneos, en particular en el ámbito del asociacionismo. Otros, en cambio, víctimas de la desatención educativa de la sociedad actual, necesitan nuestra ayuda para llegar al conocimiento de los profundos interrogantes que llevan dentro de sí.

 Constatamos el crecimiento numérico de seglares y de miembros de la Familia Salesiana que son corresponsables no sólo en aspectos organizativos, sino también en la asunción de funciones pastorales en nuestras obras y en el propio ambiente de vida. Pero con frecuencia no nos hemos preocupado de modo adecuado de ofrecerles una formación sistemática.

 Somos herederos de una fuerte tradición en el campo de la investigación y de las publicaciones en el sector de la catequesis y de la pastoral juvenil. Sin embargo, sentimos el peligro de que se debilite dicho compromiso, dada la dificultad para encontrar y preparar personal especializado y para coordinar las iniciativas. Percibimos también la dificultad para estar presentes de modo significativo en el diálogo entre fe, cultura y religiones que constituye hoy un desafío fundamental para nuestra misión.

 Se han potenciado las instituciones de educación superior para responder a las exigencias de preparación académica y profesional de los jóvenes. Tales centros son frecuentados por estudiantes de nacionalidades, culturas y maria-reina-de-la-pazreligiones diversas. Esto conlleva el compromiso de asegurar no sólo la calidad de la enseñanza y de la búsqueda, sino también la identidad salesiana y la propuesta de evangelización.

 (8)  Evangelización en los diversos contextos

 En las regiones de reciente evangelización encontramos ambientes disponibles al Evangelio. La colocación popular de nuestras obras permite el contacto con tanta gente, y ofrece la posibilidad de actuar de  varias formas al servicio de la fe. La missio ad gentes, que es parte esencial de nuestro carisma, sigue suscitando entusiasmo en hermanos que se ofrecen para la misión e implicando a tantos jóvenes en proyectos de voluntariado. Nos comprometemos a conocer y comprender las culturas, las lenguas, las religiones y las tradiciones locales para inculturar el Evangelio. En algunos países en vías de desarrollo hay comunidades que desempeñan un papel profético en el campo de la justicia social.

 En los países de antigua tradición cristiana permanecen expresiones de religiosidad popular que son una gran riqueza para la transmisión de la fe y que merecen ser mejor custodiadas, promovidas y, donde fuera necesario, purificadas. Pero en el mundo occidental se advierte una crisis difusa de la cultura inspirada en los valores cristianos, de modo que la Iglesia ya no es una referencia autorizada para muchas personas e instituciones. De aquí, una particular dificultad en el proponer el Evangelio y en la educación en la fe.

 Muchas de nuestras obras funcionen en un contexto multirreligioso, multiétnico y multicultural que presenta nuevos desafíos y oportunidades a la evangelización. Entre éstas destaca de modo particular la confrontación con el Islam, que exige la definición de estrategias adecuadas de diálogo y de anuncio. Donde no es posible un anuncio explícito o inmediato de Jesucristo, nuestra presencia de educadores cristianos constituye un signo profético y deja sembrada una semilla preciosa de evangelización.

 

 

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