Reflexión sobre el celibato


 ¿Por qué la mira fijamente y no la besa? ¿Por qué?

De esta manera versaba una frase en el perfil de un joven, inmediatamente me imagine los ojos de un consagrado sumergido  en una profunda  atención para con una fiel. Del otro lado: la ternura de un niño preguntándose  ¿Por qué esa plática tan llena de amor no termina con uno de los gestos que más expresan amor?

Si entráramos en una discusión donde realmente el reclamo de las miradas fuera por un beso, ella exigiría mucho: tiempo y espacio, cuidados y fortalezas, ternuras y seguridades, detalles y enamoramiento, matrimonio y fidelidad; “lo que ha unido Dios no lo separe el hombre”. El joven, tal vez tendiendo a la mirada intencionada por el beso apretaría los puños como si comenzara una batalla, temblaría por decidir, pero al escuchar su corazón detendría el tiempo con una oración. Y es ahí donde entrevemos el gran “por qué”: el dolor de la plática expresado por la joven, las experiencias de sufrimiento y lucha, de injusticias en el ambiente laboral, carencias educativas y económicas no son solo su expresión, pues para el consagrado son el clamor de todo un pueblo reclamando su entrega por amor a muchos… el motivo viene desde el celibato; palabra rebuscada, confusa y misteriosa. Solo en la cruz encuentra su eje de explicación. La joven tiempo, el consagrado eternidad; ella espacio, él misión; ella cuidados, él brazos paternales con Dios abrazando la humanidad entera; ella fortaleza, él debilidad sostenida con la gracia a los pecadores; ella ternura, él enternecido por sus sollozos; ella seguridad, él afianzando con su oración el destino del espíritu del ser humano hacia Dios; ella detalles, él esculpiendo en si al Buen Pastor que conduce a fuentes tranquilas; ella enamorada, él suspirando en esperanza de un mejor mañana para todos. Ella matrimonio y fidelidad. Él definido como Juan Pablo II definía el sacerdocio: “para todos” y en su fidelidad, que en el tiempo es amor.

¿Qué le mueve? ¿Por qué la mira fijamente y no la besa? ¿Por qué? Ojalá sea la que llevo a Abraham a salir de su patria para ser una bendición (Gen. 12, 1). Ojalá sea el coraje de Moisés para liberar a su pueblo de la esclavitud (Ex. 3). Ojalá sea el fuego ardiendo en el corazón, aquel que como fuego ardiente prendido a los huesos, aunque se trabaje por apagarlo no se puede apagar por mas que se intente, el que llevo a profetizar a Jeremías (Jr.20, 9). Ojalá sea el Espíritu de Jesucristo abrazado a la cruz en una amor inexplicable, confuso, misteriosos derramado por muchos. Ojalá sea simplemente, no un amor que se contrapone al matrimonio y una lucha campal contra él, sino la entrega por amor, ese amor de la cruz el cual es más fuerte que la muerte (Cf. Cantar de los cantares 8, 6).

Luis Ramón Mendoza López.
Seminarista
In hoc Signo Vinces

“Te agradezco por escribirme y por enviar tus preguntas, criticas, experiencias y demás que sin duda serán fuente de inspiración como otros ya lo han sido en mis reflexiones al correo luis_mendozalop@hotmail.com

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