Soledad, La enfermedad mortal


Jonathan Nolan  y David Goyer, han escrito un guión excepcional que describe en un solo personaje una de las más crudas situaciones actuales del ser humano, más rodeado de tecnología, de medios de comunicación y redes sociales masivas “capaces de sanar cualquier ausencia”, así como la facilidad de romper el espacio y el tiempo para encontrarse con alguien en tan solo un momento, sea por telecomunicación o vias de transporte. En fin de cuentas, con tantas posibilidades de presencia, pero tan poblada de soledades. Esta realidad nos la describe Wuason, personaje extrovertido, demente, con un cuadro psicológico paranoico y esquizofrénico. Sin duda se trata de un genio del crimen cuyo objetivo es hacer simplemente el mal por el mal; él, se auto describe como un perro que corre tras las llantas de los carros, pero que al alcanzarlas no sabe que hacer con ellas.

A demás de todas estas características en este personaje; resulta interesante el diálogo que nos descubre la causa de sus males: “la soledad”. Él lo expresa cuando al ser cuestionado por Batman, dice que solo pretende unir a otros a su locura, en la cual hace falta solo un empujón para caer en ella, es como la gravedad. Pero la decepción de tal villano recae en el descubrimiento de que no todas las personas resultan ser malas. Habiendo dejado dos detonadores de bomba en barcos distintos: uno con presos de la cárcel y otro con civiles libres, tendrían que hundir un barco, fuera el que fuera, de lo contrario el mismo detonaría las bombas de los dos barcos. Al final de cuentas nadie activa las bombas, ha quedado solo con su maldad, nadie ha querido unirse a la locura de la cual forma parte, la soledad que le había arrastrado a la maldad le ha dejado solo y ha terminado, no como un perro que alcanza las llantas, sino como un perro que se intenta morder la cola: frustrado en sus intentos de unir a otros a las mordidas de su soledad.

Hoy por hoy podríamos decir que miles de Guasones ambulan en nuestra sociedad: sin objetivos, sin esperanza, buscando hacer por hacer aquello que les satisfaga; situándose en el frenesí de la alegría que lleva a la locura. Se trata de una alegría que pretende llenar vacíos existenciales. Pero este vacío no se llena con un cubetazo de locura, porque la locura lleva a más locura hasta crear un vacío insoportable. Miles de jóvenes se dejan arrebatar por la locura para llenar el vacío de la alegría, el vacío que ha dejado la soledad. Benedicto XVI nos expresa que este vacío se intenta llenar miles de veces con el estudio de una carrera, la compra de un patrimonio: casa y carro; el existo profesional y económico, pero al final del camino el vacío sigue ahí(Cf. Spe Salvi 30). A esto le podemos agregar más consecuencias actuales como la integración de niños, adolescentes y jóvenes al crimen organizado por falta de una orientación, otros tantos confinados a abusos y explotación de diversos tipos.

Así es, la soledad representa una de las enfermedades más grandes en nuestro tiempo, nos ha envuelto en una cultura de la orfandad en donde da igual responsabilizarse de los hijos o no, donde da igual relacionarse con las personas o con un televisor o computadora; este ambiente se puede ver descrito en  el evangelio: “…pues están como ovejas sin pastor” (Cf. Mc. 6, 34). El entonces cardenal Ratzinger, en su libro introducción al cristianismo, explica el infierno al cual desciende Cristo, no como un lugar en el cual se sufran en llamas, sino como la soledad elegida por el hombre cuando no acepta la presencia de alguien más, se trata del egoísmo llevado al último extremo y Jesús lo padece hasta el punto de gritar: “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado? (Mc. 15, 34). Aquí se descubre el infierno verdadero, la soledad, se descubre el temor verdadero del hombre que consiste en estar solo. Pero este temor se vence solamente con la presencia de alguien, que da la verdadera felicidad, que llena el vacío insoportable de la existencia y lo llena de sentido; y esa presencia debe ser de alguien que verdaderamente le ama.

Si nos situamos frente a la soledad con la certeza de la Presencia de Aquel, con mayúsculas, que verdaderamente nos ama y llena todos los vacíos, la soledad, la orfandad, el sin pastor y sin sentido se diluyen en la presencia de Dios Trino; en comunión, presencia simple pero tan palpable, tan alta pero en tanta relación con el hombre, tan cercana hasta la cruz, hasta experimentar el suplicio de nuestras faltas (cf. Is. 53, 4ss). Se trata de una presencia extraordinariamente sencilla comparable con un ataque al corazón, pues al exprimentarse parece que el contenedor del ser es limitadísimo y en cualquier momento estallara. Esta presencia se da en el susurro de una brisa suave (cf.1rey 19, 12), una brisa que ha visitado nuestro pueblo y que nunca se irá, nunca permitirá que la soledad venza poblando de aullidos nuestro ser (cf. Dt. 32, 10). Porque esa Presencia de Alguien que nos ama estará con nosotros hasta el fin del mundo (cf. Mt, 28, 20). Esta presencia amorosa nos hace gritar ante cualquier remedio falso para el vacío: “todo lo he considerado basura” (cf. Fil. 3, 8).

Luis Ramón Mendoza López.
Seminarista
In hoc Signo Vinces

“Te agradezco por escribirme y por enviar tus preguntas, criticas, experiencias al correo luis_mendozalop@hotmail.com

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