Debo provenir de alguna parte.. Un Joven Incomprendido.


¿De dónde vengo?

Yo no elegí vivir! más de una vez decimos a nuestros padres: para que me trajeron al mundo! Son gritos muy justos, pues nunca elegimos venir a esta vida injusta llena de esfuerzos y reglas incomprensibles. Pero la verdad es que ni nuestros mismos padres tienen la respuesta inmediata; porque tampoco ellos eligieron venir al mundo. En el fondo de nuestro reclamo se encuentra la libertad de querer llevar una vida llena de respuestas y la más fundamental es el porqué de la vida.

Saber de dónde venimos y por qué venimos, le da fortaleza a lo que nos parece injusto: nadie sufre por sufrir. Existieron, entre los griegos algunos pensadores llamados estoicos, los cuales pensaban que en la vida cualquier sufrimiento había que aceptarlo: si había guerra había que esperar a sufrirla, si había enfermedad había que sufrirla; simplemente las cosas así eran y había que sufrir con paciencia porque no existía nadie que pudiera auxiliarnos realmente. Esta manera pesimista de ver la vida nos lleva a decir: paren este mundo que quiero bajarme, detengan este sufrir, pues se vuelve pesado y agotador el peso del camino. Pero la vida no es un juego mecánico que se detiene. Esto pasa cuando pensamos que nadie nos acompaña hombro a hombro en el inicio, en el desarrollo y en el fin de la vida.

Pero si provenimos de algún lugar, si alguien nos puso aquí, ese alguien debe ocuparse de darnos la vida, de acompañarnos y de llevarnos con felicidad a desarrollarnos y terminar nuestro peregrinar en este mundo, se trataría de un plan de amor de alguien y en el amor existe la posibilidad más grande de la felicidad. En realidad las películas de princesas tienen razón en esto: estamos hechos para amar. Si lo concebimos de esta manera podremos ver que la felicidad bien vale librar una que otra injusticia, una que otra incomprensión, una que otra desesperación, una que otra disciplina; porque la vida cobra un rumbo, cuando concebimos que somos credos por amor es como si fuéramos en un camino en donde no se nos indica nada, pero al ver que fuimos creados con el fin de ser amados y amar, ese camino se llena de letreros que nos indican a qué velocidad ir, por cual curva debemos ir más despacio, por donde tenemos que esforzarnos para subir a algún lugar. Entonces la vida, además de llenarse de letreros que indiquen el sentido de este esfuerzo de la vida, se llena de color; de gris y sombrío podemos ver que se cubre de árboles frondosos y ríos que refrescan en el cansancio; se encuentra sentido de un por qué me trajeron a una vida que no elegí vivir, porque me eligieron para un juego que no decidí jugar.

La respuesta más completa a nuestro grito yo no elegí vivir!!!, se encuentra en el libro más leído en el mundo: la Biblia y se encuentra al inicio de la misma: “y vio que todo era bueno (Gen. 1,31)”, incluyendo a ti y a mí, incluyéndonos a nosotros. Es así como la vida se torna de un “yo no elegí vivir” en un “gracias Padre Dios por la vida”.

 

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