Domingo XXVIII Ordinario Ciclo A


Por. Pbro. Lic. Roberto Luján Uranga

Cuando Dios quiere explicarnos lo que es el cielo no lo hace en términos abstractos. No dice: el Cielo es un estado de bienaventuranza espiritual, sino que lo hace en términos concretos, cercanos, fáciles de asimilar y desear: El Cielo es como un banquete de bodas. Algo cercano en comprensión a nosotros, que asociamos banquete con fiesta, alegría y abundancia. El profeta Isaías anticipa el Evangelio con la descripción del banquete, donde serán servidos los mejores manjares y bebidas en abundancia. Todo lo que más nos gusta, ahí lo encontraremos. Todos serán invitados y Dios descorrerá el velo que tapa nuestros ojos, y lo veremos claramente, destruirá la muerte y enjugará las lágrimas de los que lloran.

jesusGran esperanza sobre todo para aquellos que han llevado una vida azarosa, dura, difícil. Ciertamente la vida es dura para todos pero para algunos más: por miseria, falta de educación, enfermedad crónica, por haber sido víctima de abusos o maltratos, por haber perdido a algún ser querido, por tener a algún familiar o amigo desaparecido Pues de todas esas luchas y dolores nos consolará Dios al final de los tiempos si aceptamos al invitación a su banquete. Ahí nos consolará y nos reencontraremos con todos nuestros seres queridos. La parábola que nos narra Jesús dice que un rey prepara un banquete de bodas para su hijo. Los primeros invitados empiezan a excusarse por motivos personales y convenencieros.

A pesar de haber manjares, terneras y reses cebadas, evaden la invitación argumentando negocios personales. Peor aún, su rechazo es tan grande que matan a los mensajeros. Recibirán su castigo, pero el banquete aún está preparado y el rey manda nuevamente a sus criados a invar a todos los que pasan por los cruces y caminos, a los buenos y a los malos, hasta que el salón está repleto. En esta parábola el rey es Dios Padre, el hijo es Jesús, el banquete es el Reino de los cielos, los criados son los profetas, los primeros invitados son el pueblo de Israel, el castigo recuerda el incendio de Jerusalén en el año 70, cuando fue tomada por los romanos. Los siguientes criados son los apóstoles y los invitados de los cruces son los paganos, el nuevo pueblo de Dios, entre quienes nos contamos nosotros, buenos y malos. Dios invita a todos a su banquete, a su Reino, por pura generosidad. Hay abundancia de dones, alegría, fiesta, convivencia, amistad, intimidad.

Todo lo que humana y espiritualmente podemos desear, nos lo ofrece el Señor. Pero mucha gente está demasiado ajetreada en su propias cosas y negocios, Por vivir nuestra vida como nos da la gana, atendiendo cada quien a sus propios intereses, no atendemos el llamado de Dios: No puedo, no tengo tiempo, ahora no; tal vez más tarde. No tenemos tiempo ni interés en atender a Dios. Entonces Dios extiende su llamada a otros que le respondan.Pero participar en el banquete lleva una condición; ponerse el traje de fiesta. Es un gesto de cortesía y respeto a quien me invitó: ir dignamente presentado. Parecería injusto que a ese invitado se le exija un vestido de gala puesto que viene del camino, pero la costumbre en Oriente antiguo era que el que te invitaba a la mesa, te prestaba una capa de gala, que cubriera tus harapos. Es Dios que nos cobija con su amor, que es gratis, por eso se le llama: gracia santificante. Para entrar al Cielo hemos de revestirnos de la caridad de Dios, es algo absolutamente necesario a la vez que totalmente gratis, que se da a aquél que lo pide.

Y si un banquete es el signo del Reino de los cielos, debemos decir que la Misa es un banquete, donde Cristo se nos da como alimento y se nos da una prenda de la gloria futura. Es un anticipo del banquete del Cielo. A muchos les parecerá aburrida la misa pero para aquellos que asisten con frecuencia y se preparan espiritualmente, que van con sus mejores vestidos, (incluso en lo material, evitando shorts, escotes, pantaloneras, etc.), que van con su familia, la Misa se convierte en un gozo, en un descanso, algo que hace diferente su vida. Y como los invitados que se excusan por no tener tiempo, así hay muchos que se tienen miles de pretextos para no asistir a misa: No tienen tiempo, les da flojera, están en sus negocios… peor, aún, como los invitados que se echan sobre los mensajeros, también hay algunos que vuelcan sus culpas en la Iglesia: es que los sacerdotes no son santos, es que la gente que va es muy hipócrita, es que primero van a misa y luego critican al prójimo.

Cierto o no, la invitación es para ti y tú eres el que responde si vas o no a ese banquete que anticipa el reino de Dios. Y hay que acudir con una actitud de conversión, ese vestido de gracia con que Dios nos arropa y aleja nuestros pecados. El que va con una actitud de enojo, aburrimiento, con aire de perdona-vidas al sacerdote, como si nos hiciera un favor, no disfrutará de la gracia y el gozo de participar en el banquete del Cuerpo y Sangre de Cristo, “el pan del cielo que contiene en sí todos los deleites”. Pido a Dios es que estas sencillas reflexiones ayuden a la gente a prepararse a esa gran fiesta de la iglesia que es la Eucaristía. Así Dios nos lo conceda con su gracia. Amén

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