Quiero ser una guitarra


563641_459982467381714_1503331243_nA propósito, hoy se celebra el día internacional de los músicos, a propósito obviamente del santoral de Santa Cecilia y por tercera vez, a propósito, es este artículo. Vamos a lo que vamos: Podemos y debemos ser un instrumento en manos del maestro carpintero… ¿cuántas veces hemos oído que debemos de ser un instrumento de Dios? Una oración atribuida a San Fco de Asís nos dice que debemos de ser un “instrumento de paz”. A pesar de la aún incierta autoría de esta oración, lo que sí sabemos es que fue realmente uno de los principios dentro de los cuales el santo vivió. En lo personal, esta oración habla de tantas cosas que me mantendría escribiendo aquí mucho tiempo pero hoy quiero centrarme en esto: “instrumento de paz”. La ya fallecida Chavela Vargas mencionó una vez que “hay que llenar el mundo de violines y guitarras en vez de tanta metralla” y hasta el propio Nietzsche, en todo su ateísmo, pensaba que “sin la música, la vida sería un error”. San Juan Pablo ll recurrió en su momento a la música para llevar su mensaje a las masas, siendo este el primer papa que grabó sus mensajes en discos comerciales…y entre ellos, cantos gregorianos cantados por el mismo…¿cómo les quedó el ojo?.
Bono, vocalista líder de U2, mencionó una vez que la música, es como un sacramento que habla de cosas magníficas, y a decir verdad, es extraño que lo mencione La importancia de los músicos dentro de una congregación de fieles es bastante, pero bastante especial, y más aún en la liturgia. Con permiso, citaré ahora a san Juan Pablo ll: “La música desempeña, entre las manifestaciones del espíritu humano, una función elevada, única e insustituible (…) y no en vano ha sido y será siempre parte esencial de la liturgia, como podemos deducir de las tradiciones litúrgicas de los pueblos cristianos de cada continente” (Juan Pablo ll, al coro “Harmonici cantores” el 23 de diciembre de 1988). Para que conste, este artículo lo está escribiendo no solo un amante de la música (que mientras escribe este artículo está escuchando a Sarah Brightman cantando Dust in the wind y Who wants to live forever), sino también un guitarrista que una de las canciones que más ha escuchado en su vida es Hey Jude de The Beatles, que hasta el día de hoy no sabe qué clase de inspiración tuvo José Alfredo Jiménez para escribir El Jinete, y que tardó años en aprenderse los acordes “El León de Judá”. Lo digo para que entiendan lo que les voy a decir y especialmente voy a hacer esta pregunta a aquellos músicos católicos que sirven en su parroquia: ¿no se han imaginado jamás que podríamos ser instrumentos musicales? Lo digo por el simple hecho de ser instrumentos de Dios y de nuevo me referiré a mi como una de esas personas que una de las razones que se acercaron a la iglesia fue por ese saborcito que le agarró a la música y más cuando había fracasado enormemente en aprender guitarra años antes. Siempre pintamos a Jesús de niño aprendiendo de José, su padre, en una tabla de madera siendo trabajada por ambos y a veces a María observándolos, guardando todo aquello en su corazón (Lc 2, 19) ¿y que no podemos ser una guitarra, un bajo, una batería, un ukelele, un piano, un chelo, unos bongós, una armónica, un violín, una flauta o hasta la propia voz, siendo usada por Cristo? Piénsalo por un momento, amigo lector de Catoliscopio, solo por un momento… ¡podemos ser instrumentos musicales de Dios! ¡Podemos llevar ese mensaje a través de la música! ¡Siendo instrumentos para llevar su música! ¡Música, ese idioma universal, idioma universal que une indiscriminadamente a razas, religiones e ideologías!
Esto, aunque no lo crean, debe de ser básico: ser instrumento de Dios (esta analogía queda perfecta aquí 😀 ) es dejarse llevar por la batuta que Cristo está ostentando y con la que nos dirige, es dejarse utilizar por El, acatar las órdenes que Él quiere que hagamos, si quiere que sea rápido, si quiere que sea lento, con más o con menos intensidad, pero todo con maestría y júbilo (Salmo 32). Así pues, los invito a algo en este fin de semana o mejor dicho, los reto: al  seguir la celebración eucarística de este fin de semana, los invito a que se dejen ser instrumentos musicales de Dios. Que sientan como se elevan esos cánticos, que sientan como la Palabra resuena en nuestros corazones, siendo nuestro corazón como una caja misma de un instrumento, que recibe el sonido para amplificarlo, para hacer que es escuche más y poder llevarlo a los lugares que Jesús quiera. Y una cosa más: No importa que no seas músico para crear música, no tienes que ser un Lennon o un McCartney, así que también te invito a que después de terminar la celebración, acompañes a Jesús Sacramentado en el sagrario y (para no molestar a las demás personas) cantes en Espíritu y en verdad (Jn 4, 24) con tu corazón, alabando y dando gracias a Dios, recordando que como bien dijo san Agustín, cantar, es orar 2 veces. La biblia está llena de ejemplos de personas que elevan cánticos al Señor (el pueblo al salir de Egipto y cruzar el mar Rojo, Salmos, el Cantar de los Cantares, etc.)…¿no crees que es hora de que nosotros vivamos también siendo instrumentos musicales que toquemos y entonemos la música que Dios quiera hacer sonar en nosotros? Y señores, ¡háganlo con amor! Como diría Silvio Rodriguez: solo el amor engendra la maravilla. Solo el amor convierte en milagro el barro.

¡Feliz día del músico!

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