LA ESENCIA DEL SACRIFICIO DE LA MISA


La esencia de la Misa consiste en la consagración de am­bas especies, a lo cual se añade la comunión del sacerdote, no como lo que constituye el Sacrificio, sino como algo unido na­turalmente al Sacrificio, ya que la consagración coloca a Cristo víctima bajo los signos de manjar y bebida y así significa la recepción de la víctima como complemento natural de ese trato santo que establecemos con Dios al sacrificar en su honor y alabanza.

La misa por ser un verdadero sacrificio cuyo principal sacerdote es Cristo, no es un acto librado, en su determinación esencial, a los hombres, sino a Dios su autor. De consiguiente, sólo será la esencia del sacrificio, aquello que Dios, por Cristo, ha señalado como la verdadera inmolación de su cuerpo y sangre. El sacerdote en el altar, obra en nombre de Cristo, hace lo que Cristo hizo, en virtud del poder de Cristo mismo. Lo que en el altar se hace en nombre de Cristo y su poder, es la sola consa­gración de las especies sacramentales, por la cual Cristo es inmo­lado de manera incruenta, y ofrece a Dios el sacrificio de ado­ración perfecta.

La comunión del sacerdote, en la Misa, no se hace en nombre de Cristo, antes bien es la participación del sacrificio ya realizado, a cuya víctima se acerca para recibirla, como señal de unión con la inmolación ya hecha a Dios. El carácter representativo de la Pasión de Cristo, que la Misa tiene en sí, según el cual “se representa aquél [sacrificio] cruento realizado una vez en la cruz” (Conc. Trident), nos indica que ella es verdadero sacrificio en aquello mismo en que es la viva imagen del único sacrificio cuya memoria perpetúa entre los hombres.

Es precisamente la consagración quien representa de un modo incruento la separación del cuerpo y sangre de Cristo, derramada en su Pasión, al dividir bajo especies sacramentales distintas, la sangre y el cuerpo de Jesús.

Esto nos enseñan los Santos Padres, como Gregorio de Nysa cuando dice: ” Quien con su poder dispone todas las cosas. . . no espera la inicua sentencia de Pilato, para que su malicia sea la causa y principio común de la salvación de los hombres ;sino que con su resolución se adelanta y con un modo misterioso de sacrificio. que no podía ver el hombre, se ofrece como hostia por nosotros e inmola la víctima… ¿Cuándo hizo esto? Cuando dió a sus discípulos congregados, a comer su cuer­po y beber su sangre, entonces claramente manifestó que el sa­crificio del Cordero ya estaba realizado. ya de un modo invisible y misterioso su cuerpo había sido inmolado, como plugo al poder del que operaba el misterio ” . (In Chti: Resurrect). (1)

Y San Cirilo de Jerusalén luego de ex­poner como se invoca al Espíritu Santo para que realice la Con­sagración, añade: ” Luego que ha sido realizado el Sacrificio espíritual , el culto incruento sobre aquella hostia de propiciación rogamos a Dios. . .” (Catech: Myst: V). 20: V). (2)

¿En qué forma realiza la consagración la inmolación in-cruenta de modo que constituya la Misa en su ser de Sacrificio? La Teología Católica ha orientado su especulación en diversas maneras de explicación sobre este adorable misterio de la fe.

“¡ Qué simplicidad —dice Bossuet— la del Sacrificio cris­tiano! No veo sobre el altar sino un pan, algunos panes a lo sumo, y un poco de vino en el cáliz; no se necesita más para hacer el más santo sacrificio, el más augusto… ¿Pero no habrá carne, no habrá sangre en este sacrificio? Habrá carne, pero no la de animales degollados; habrá sangre, pero la sangre de Jesu­cristo, y esta carne y esta sangre serán místicamente separada. ¿De donde vendrá esta carne? ¿de donde vendrá ésta sangre

Se hará de ese pan y de ese vino: vendrá una palabra omnipo­tente que hará de este pan la carne del Salvador y de este vino hará su sangre; todo lo que esta palabra profiere, será tal como lo dice en el momento en que haya sido pronunciada; pues es la misma palabra que hizo el cielo y la tierra… esta palabra pronunciada primeramente por el Hijo de Dios ha hecho de este pan su cuerpo y de este vino su sangre. Pero ha dicho a sus após­toles: Haced esto; y los apóstoles nos han enseñado que se haría hasta que El volviese . . . El dice: Este es mí cuerpo; ya no es más pan, es lo que El ha dicho. El dice: Esta es mí sangre: ya no hay más vino en el cáliz; es lo que el Señor ha proferido; es su cuerpo, es la sangre. La palabra ha sido la espada, el cuchillo cortante que ha hecho esta separación mística. En virtud de la palabra allí no estaría más que el cuerpo, nada más que la san­gre; sí el uno se encuentra con el otro, es porque son insepara­bles desde que Jesús ha resucitado. Porque de entonces acá, El va no muere. Pero para imprimir sobre este Jesús que no muere, el carácter de la muerte que verdaderamente sufrió, viene la palabra , que pone de una parte el cuerpo y del otro la sangre, y cada uno bajo signos diferentes. Helo ahí revestido del carácter de la muerte, a ese Jesús otrora nuestra víctima por la efusión de su Sangre, y aún hoy día nuestra víctima de una manera nueva por la separación mística de la sangre y del cuerpo ” .(3) Así se expresa San Gregorio Nazianceno: “No tardes en orar y ejercer por nosotros tu legación, cuando con tu verbo hayas atraído al Verbo, cuando con un corte incruento hayas dividido el cuerpo y la sangre del Señor, usando la palabra por espada ” . (Epíst: ad. Amphílochíum). (4)

Esta inmolación misteriosa, es lo que se opera bajo los sig­nos sacramentales, en cuanto el cuerpo de Cristo y su sangre, en la Eucaristía, se ofrecen a Dios sacramentalmente separados; el cuerpo bajo el signo del pan, la sangre bajo el signo del vino y de esta manera se coloca a Cristo en el altar, se lo presenta a Dios revestido de los caracteres de la Pasión que una vez por todos sufrió en la Cruz. (5)

” Bajo la especie de pan —dice Santo Tomás— está el cuerpo de Cristo en virtud de la consagración; la sangre bajo la especie de vino; pero ahora por cierto, cuando realmente la sangre de Cristo no está separada de su cuerpo, por la concomi­tancia real también la sangre de Cristo está bajo la especie de pan juntamente con el cuerpo, y el cuerpo bajo la especie del vi-no juntamente con la sangre. Pero si en tiempo de la Pasión de Cristo, cuando realmente su sangre estaba separada de su cuer­po, hubiese sido consagrado este Sacramento, bajo la especie del pan estaría solo el cuerpo y bajo la especie del vino solamente la sangre ” . Igualmente. . . ” no hubiese estado el alma de Cristo bajo este sacramento, no por defecto de poder en las palabras sino por la disposición distinta de la cosa”. (6)

Notas:

(1) (R. J. 1063).

(2) (R. J. 850-51).

(3) (Meditatioss sur l’Evangile. La Céne. LVII journée. Ed. Vives – vol: VI).

(4) (R. J. Nº 1019).

(5) (C. Billot. De Ecles: Sacramentis – T. I – 1924 – pág. 632-637).

(6) (III – 81- 4).

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