Ser creativos para no enterrar el futuro


Hace unas semanas leía en un artículo que “la realidad deja mucho terreno a la imaginación”. Y creo que esto es verdad, porque la mente humana nos ofrece la posibilidad de vivir más allá de los confines de la realidad objetiva. La imaginación, esa maravillosa facilidad que tenemos los seres humanos para soñar, representar imágenes en la mente y concebir cosas nuevas, es la base de la creatividad humana; aunque ésta a veces esté clausurada… o incluso prohibida.

Puede que esté equivocado pero creo que no podemos, o no debemos, tener una vida estéril, sin creatividad, ya que tenemos que vivir siempre con respuestas activas y actuales. Y es que no se puede vivir con la obsesión por la seguridad; tenemos que vivir predispuestos al esfuerzo arriesgado por transformar el mundo. No se puede vivir con la personalidad enterrada bajo el conformismo y la dependencia; tenemos que renunciar al conservadurismo y apostar por ser creativos. Pero no hablo de una creatividad cualquiera, no.

Se trata de una creatividad que muestre nuestro modo de crecer ante la responsabilidad; la responsabilidad de establecer una relación coherente entre nuestra forma de pensar, nuestra actividad, y el mundo en el que ésta surge como instrumento al servicio de una necesidad común y que nosotros tratamos de interpretar. Ser creativos es enfrentarse a una situación nueva que requiere una actitud diferente y, por lo tanto, nuestro esfuerzo por buscar, no solo en nuestras ideas preconcebidas, sino buscar siempre mirando adelante, intuyendo algo nuevo, arriesgando aun cuando ello suponga que las ideas y los conceptos que normalmente hemos utilizado se nos queden inservibles y resulten ya caducos para nuestro caminar hacia el futuro.

La creatividad nos lleva a un nivel de maduración de esa dimensión de la libertad que es fruto de la experiencia de vivir. Se trata de superar los límites de lo acostumbrado y, por eso, requiere moverse, actuar; sí, nos tenemos que mover en ese límite que hay entre lo convencional y lo oculto, para arrancarle a lo que está más allá del mundo de las formas conocidas, lo nuevo que nos permite avanzar en una dirección diferente, innovadora. Esas formas que harán posible una respuesta nueva, más acorde con las necesidades y los medios que tenemos. Porque para empezar a ser creativos, tenemos que desaprender las torpezas del pensamiento único, de lo común, de lo establecido, de los límites de lo posible, de los criterios marcados por otros, de la fotocopia de éxitos, de la medianía ordinaria, de los lugares por los que todos pasean, de las rutas fáciles, de los caminos eternamente transitados.

El quehacer en la sociedad, sobre todo de las nuevas generaciones en todos los ámbitos, no es conservar el pasado y ser dependientes de él. Es cierto que no se puede poner en duda la necesidad de alimentarnos en la experiencia de los predecesores a lo largo del tiempo, pero no podemos convertir nuestra sociedad en un monumento de lo que ha sido. De nada nos va a servir ser fieles al pasado cuando ese pasado apenas guarda relación con los interrogantes y desafíos que se nos presentan hoy. Y es que creo que de nada sirve restaurar el pasado si no somos capaces de trasmitir algo significativo a las mujeres y hombres de hoy.

Por eso las virtudes que tenemos que desarrollar hoy en día no se llaman conformidad, resignación, dependencia y otras similares; más bien llevan el nombre de audacia, capacidad de riesgo, búsqueda creativa. Arriesgar siendo creativos no es un camino fácil para nadie; pero no hay otro si queremos comunicar de verdad que otro mundo es posible. Proponer y admitir cosas nuevas y diferentes, no significa hacer rarezas. Simplemente supone perder el temor al “status quo”, dejar los escrúpulos, abrir la mente… quienes intentan ser punteros en nuestra sociedad, con nuevas formas para alentar el desarrollo de la creatividad, dejan de mirarse al ombligo y salen fuera en busca de nuevos aires. No corren al encuentro de “buenas costumbres”, sino que las generan. Se ponen en marcha, siendo creativos, para descubrir tendencias.

Necesitamos ser personas que apostemos por el conocimiento, el aprendizaje, la aportación, la creatividad, la innovación etc… para ser los verdaderos artífices de una nueva estructura social. Me viene a la mente, escribiendo estas cosas, la parábola evangélica de los talentos (Mt 25, 14-30). El miedo y el quedarnos conformes en la vida siendo sal insípida, bloquean y paralizan; nos hunden en la inutilidad y como consecuencia no producimos nada. Y es que es muy seductor el vivir evitando dificultades y buscando tranquilidad; no comprometernos en nada que pueda complicar nuestra vida. En definitiva, vivir defendiendo nuestro pequeño bienestar es lo mejor que se puede hacer para vivir una vida infecunda, pequeña y sin horizonte alguno.

Quien únicamente busca cuidar su vida, protegerla y defenderla, la echa a perder. Quien no sigue las aspiraciones más nobles que residen en su corazón por miedo a fracasar, ya está fracasando. Quien no toma iniciativa alguna, quien no quiere ser creativo y prefiere depender de esquemas conocidos por miedo a equivocarse, ya se está equivocando. Quien se dedica a conservar su virtud, corre el riesgo de enterrar su futuro. Aunque es cierto que si pasamos por la vida sin ser creativos y dependiendo de lo ya hecho, no habremos cometido grandes errores; lo que pasa es que habremos pasado por la vida, sin haber vivido.

¿Por qué no asistimos a reuniones/seminarios/congresos de disciplinas que no tengan nada que ver con nuestra ocupación cotidiana? Puede que amplíe nuestra capacidad de conocimiento. ¿Por qué no intentamos alternar la prensa que habitualmente leemos, con otras que frecuentamos menos? Quizá veamos las cosas con otra perspectiva, ya que la diversidad siempre ayuda a descubrir otra forma de ver la realidad.

¿Por qué no procuramos llevar siempre una libreta con nosotros para tomar notas imprevistas; para no dejar escapar nada? Hoy en día es raro quien no tenga un teléfono móvil, y éstos suelen tener cámara de fotos. ¿Por qué no hacemos fotos a lo que nos llame la atención, intentando inspirarnos en ello para sacar alguna idea “innovadora”? ¿Por qué en algún momento no hacemos algo que no hayamos hecho nunca? ¡¡Creatividad!! Seguro que a nuestro alrededor hay algún niño ¿Por qué no le pedimos ideas sobre cualquier tema? Los niños son puro sentido común. ¿Por qué no procuramos antes de ir a dormir escribir algo?, aunque luego se rompa, puede que alguna idea sea aprovechable, verdaderamente creativa; los cuentos y las historias, dan mucho de sí.

No olvidemos que alguien creativo siempre es un principiante que, trabajando la mente y cultivando su interior, puede llegar a cambiar el mundo.

Fray Ángel Fariña

Endavant y Baobab

Fuente: mjd.dominicos.org

ordo-praedicatorum.blogspot.mx

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