La humildad es reconocer que “sin Mi no podéis hacer nada”. Jn 15, 5.


“Puede decirse que algo es perfecto en dos sentidos. En primer lugar, de un modo absoluto, cuando no se le encuentra defecto ni en sí mismo ni en relación con las otras cosas. En este sentido, sólo Dios es perfecto, y no cabe en El la humildad según su naturaleza divina, sino sólo en virtud de la naturaleza asumida. Bajo otro aspecto, puede decirse que una cosa es perfecta relativamente, bien sea según su naturaleza, bien según las exigencias de su propia naturaleza, bien según lo exijan el estado o el tiempo. Tomada así, el hombre puede ser perfecto, si bien su perfección es deficiente si se la compara con Dios, según se dice en Is 40,17: Todos los pueblos son delante de El como si no fueran. En este sentido, la humildad tiene cabida en todo hombre”. (S. Th II-II, 161, ad 4).

Traditio Spiritualis Sacri Ordinis Praedicatorum

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