DOMINGO II ORDINARIO CICLO B: VENGAN Y LO VERÁN


disHoy la Palabra de Dios nos habla del llamado de Dios. La primera lectura nos trae a la mente la vocación de Samuel, que fue consagrado por sus padres y vivía junto al Templo, cerca del Arca de la Alianza. Un día el Señor lo llamó por su nombre, pero él no sabía que se trataba de la voz del Señor sino que pensaba que era el sacerdote Helí, quien lo había llamado, hasta que éste le aclaró que era Dios mismo quien le llamaba. Cuando Samuel fue llamado por Dios otra vez, dijo: “Habla, Señor, tu siervo te escucha”.

En el salmo 40, que se refiere a Cristo, repetimos la frase: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad” y el Evangelio nos habla de la vocación de los dos primeros discípulos, Juan y Andrés, quienes eran discípulos del Bautista, pero éste los dirige hacia Jesús, cuando dice “He aquí el Cordero de Dios”. Ellos lo siguen sin dirigirle la palabra, por temor, por lo que Jesús se vuelve y les dice: “¿Qué buscan?” No era una expresión brusca sino un cuestionamiento interior para que descubrieran su rectitud de intención al buscar a Jesús. Lo mismo nos pregunta Jesús a nosotros. ¿Qué buscan cuando van tras de mí? Y podemos ver que nuestro corazón no siempre es recto al buscar a Cristo. Por lo general sólo buscamos a Dios y nos acordamos de Él en tiempos de necesidad, cuando pasamos algún apuro, cuando perdemos a un ser querido, cuando estamos enfermos o con problemas personales o familiares, y queremos que Dios resuelva de inmediato todas nuestras dificultades. Pocas veces lo buscamos con recta intención, que sería, buscarlo con todo el corazón para que cada día nos haga más santos lo que implica que dejemos el pecado y nos esforcemos por crecer en la virtud. Los dos discípulos en ese entonces le dijeron a Jesús; “Rabí, (maestro), ¿dónde vives?”.

Ellos no buscan en Jesús alguien que sea el solucionador de todos sus problemas, conflictos y dificultades sino que buscan un maestro de vida, alguien que les enseñe a vivir de la manera más fructífera y provechosa: ¿dónde vives? Jesús les lanza una invitación que es más bien un reto: “Vengan y lo verán”. No les da un domicilio, una casa, una ruta, sino que los invita a compartir con Él esos momentos de su vida. Así también Jesús nos invita a nosotros a compartir su vida. No quiere ser para nosotros sólo un remedio en momentos difíciles y que sólo nos acordemos de Él cuando lo necesitamos. Quiere ser nuestro amigo de vida y quiere que compartamos su misma Vida. Cuando algún amigo sólo nos busca para pedirnos dinero, un aventón, ayuda para conseguir un trabajo, es probable que le ayudemos, pero nos sentiremos utilizados, como si sólo fuéramos un objeto para esa persona.

Un verdadero amigo comparte la vida, con sus gozos y dolores. Cristo quiere que compartamos nuestras vidas con la suya, quiere ser compañero de viaje, de camino, hasta la eternidad. Los dos discípulos se fueron con Él y pasaron junto a Él el resto de la tarde, y Juan, que contaba con 100 años al escribir su Evangelio, recuerda la hora: las 4 de la tarde, porque el encuentro con Jesús lo marcó para siempre y la compañía de Jesús era tan alegre, tan interesante, que se quedaron con Él el resto del día y el resto de su vida. También nosotros, si experimentamos realmente la presencia de Cristo, jamás lo dejaremos y seremos capaces de recordar los más pequeños detalles de nuestro encuentro con Él. Cuando dejaron a Jesús, Andrés compartió su experiencia con su hermano Pedro y lo llevó a Jesús, quien le dijo a Simón: “ahora te llamarás Pedro”, es decir, Roca, pues ya estaba viendo en él al futuro jefe de su Iglesia. Nosotros debemos, como Andrés, compartir nuestra experiencia de Dios y acercar a los hombres a Cristo.

El Señor nos llama, como a Samuel y a los discípulos, de muchas maneras. A veces no sabemos reconocer su voz y a veces deliberadamente la ignoramos, especialmente cuando nos llama a la conversión, al arrepentimiento, a la santidad. A veces por medio de los pastores o de nuestros hermanos en Cristo, nos llama a predicar, a ser parte de un grupo, a hacer un apostolado, y nosotros nos hacemos los desentendidos, diciendo: “¿servir a la Iglesia? No tengo tiempo” cuando en realidad no tenemos la disposición ni las ganas de hacerlo. Respondamos al Señor con la disposición de Samuel, con las palabras del salmo, con la prontitud de los Apóstoles: “Habla, Señor, aquí estoy para hacer tu voluntad”.

One thought on “DOMINGO II ORDINARIO CICLO B: VENGAN Y LO VERÁN

  1. bonita lectura DIOS me habla del llamado que me hace, y en el salmo donde dice aquí estoy señor para hacer tu voluntad, me dice a mi que debo obedecer con humildad, porque a veces yo obedezco con amor y alegría porque se que la otra persona es cristo, pero a ratos no porque soy un poco de mal genio pero le pido a DIOS que me ayude.

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