DOMINGO V ORDINARIO-B: SANACIÓN, PREDICACIÓN, ORACIÓN


Por: Pbro Lic. Roberto Luján Uranga

sanacionEl mensaje de la palabra dominical gira en torno a estos tres temas: el sufrimiento y la curación física y espiritual que Jesús nos trae; le predicación del Evangelio como nuestra obligación como cristianos y la oración personal necesaria para cumplir nuestra misión. En la primera lectura escuchamos al santo Job que, víctima del sufrimiento físico y moral, exclama: “la vida del hombre es como un servicio militar”. La había tocado una vida azarosa y llena de trabajos sufrimientos y dificultades como tal vez muchos de nosotros experimentamos: Un servicio militar que no da tregua. Trabajas el doble para ganar el mínimo y a los sufrimientos físicos se añaden los morales, las preocupaciones por uno mismo y por el prójimo, las enfermedades.

Estos males tienen una respuesta esperanzadora en la afirmación del salmo 146: “El Señor sana los corazones quebrantados y venda las heridas”. En una frase resume la actividad sanadora de Jesús que en el Evangelio se presenta como el que cura el cuerpo de sus males y al alma del pecado y de la opresión del malo. Primero cura a la suegra de Pedro de su fiebre y después a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios. Jesucristo es capaz de sanar nuestros cuerpos y nuestras almas de la raíz del mal. Pero Jesús no se queda ahí, sino que sale q los pueblos cercanos a predicar el Evangelio, “pues para eso he venido”. Una frase tan pequeña explica breve y claramente la misión de Jesús: Evangelizar.

El viene a solo a evangelizar, a predicar la Buena Nueva del Reino de Dios, y lo hace con palabras y signos milagrosos. San Pablo en la segunda lectura dice: “No tengo que presumir de predicar el Evangelio, puesto que ésa es mi obligación. ¡Ay de mí, sino anuncio el Evangelio!”. Pablo asume totalmente como propia la misión de Jesús y dice que no es una opción, un hobby, un gusto, sino una obligación, como lo es la obligación de la Iglesia. El Papa pablo VI; beato, dice que la Iglesia existe para evangelizar, que ello constituye su identidad más profunda, y que merece que el apóstol le consagre incluso su vida (cf. EN 5 y 14). Si evangelizar es el deber propio de la Iglesia, debemos decir que es el deber propio de cada cristiano y que no es algo opcional, sino un mandato del Señor: predicar el Evangelio a toda creatura y debemos preguntarnos si como cristianos maduros, predicamos con palabras y con obras el Evangelio, Si no lo hacemos, es que no estamos cumpliendo nuestro básico y primordial deber como cristianos.

Pero hay un tercer tema de reflexión: la oración. Jesús, dice el Evangelio, se retiraba a lugares apartados para orar. Él era hombre e hijo de Dios y sentía en su alma y su corazón la necesidad de estar a solas con su Padre, para descansar de su arduo trabajo, para recuperar fuerzas, para llenarse de la presencia del Padre y poder llevar esa presencia salvadora a todos los necesitados, y s i Jesús necesitó de la oración, con mayor razón aún la necesitamos nosotros, sus seguidores, que tenemos una enorme tarea frente a nosotros, la de evangelizar, pero que no la podemos cumplir con nuestras propias fuerzas. Necesitamos de la fuerza y luz que se nos da en la oración, en el trato íntimo, personal y frecuente con Dios, del encuentro diario en la oración, para poder llenarnos de su presencia y poder trasmitirla, como Cristo, a todos los oprimidos por males físicos y espirituales para que tanto ellos como nosotros, encontremos la redención y el descanso en Dios.

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