Profundizar en uno mismo. La Oración como Acto de Amor


[…]Quien persevera día tras día en la oración es como un hombre que ha comprado una vieja casa en el campo, y en el huerto de esta casa hay un pozo. Ese pozo no se ha utilizado quizá desde hace cien años y está cegado. El Hombre considera que sería bueno volver a ponerlo en servicio. Y se pone entonces a cavar. Al principio no es cosa agradable: encuentra hojas muertas, piedras, barro, toda suerte de detritus, algunos batante repugnantes. Pero si no se cansa y continua con su penoso trabajo, acaba por aflorar agua limpia y pura en el fondo del pozo, fresca y saludable.

Eso mismo nos pasa a nosotros: la fidelidad a la oración nos obliga a una penosa confrontación con lo que hay en nuestro corazón. Encontramos allí cosas bien pesadas, agobiantes y sucias. Pero llega un día en que, más profundamete que nuestras heridas psiquicas, más que nuestros pecados y manchas, alcanzamos ua fuente hermosa y pura, la presencia de Dios en el fondo de nuestro corazón, a partir de la cual toda nuestra persona puede purificarse y renovarse. “De las entrañas de quien cree en mçi brotarán ríos de agua viva”. (Jn 7, 38). El hombre no se puiifica desde el exterior, sino desde dentro. No tanto por un esfuerzo moral como descubriendo en su interior una Presencia y dándole libre curso.

Mediante la fidelidad a la oración, encontramos en nosotros un espacio de pureza, de paz, de libertad, la presencia de Dios más íntima a nosotros que nosotros mismos. El centro del alma es Dios, dice Juan de la Cruz. Aprendemos pocoa poco a vivir de ese centro, y ya no a partir de nuestra periferia psíquica herida: miedos, amargureas, agresividades, concupiscencias…

La interiorización que es fruto de la oración es mucho más que un asunto de simple recogimiento, es descubir y unirnos a una Presencia ítima que se convierte en nuestra vida y en la fuente de todos nuestros pensamientos y acciones. Hablaremos de eseo más adelante.

La Oración como Acto de Amor

[…]La oración es un acto de amor de Dios. Orar es acoge con confianz el amor de Dios. Orar no es hacer algo por Dios, sino recibir su amor, dejarse amar por Él. Nos cuesta vivir eso, pues no creemos lo bastante en ese amor, nos sentimos con frecuencia indignos de este amor, y estamos más centrados en nosotros mismos que en Él. En nuestro sutil orgullo, podemos tratar de hacer cosas buenas pra Dios, en lugar de interesarnos ante todo en lo que Dios quiere hacer por nosotros, gratuitamente. Lo esencial es matenernos en presencia de Dios, pequeños y pobres, pero abiertos y receptivos a su amor. Dar a Dios, por decirlo asi, permiso para amarnos, en lugar de querer hacer algo por nuestra propia inicitavia.

La actividad que más cuerta en la oración no es la nuestra, sino la de Dios. Se nos pide recibir, es es todo. La definición que da Teresa de Jesús de la oración como “tratar de amistad, estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama” da prioridad al amor que Dios nos tiene, y no al que nosotros tenemos. “El mérito no consiste en hacer o dar mucho, sino más bien en recibir, en amar mucho”, dice santa Reresa de Lisieux.

[…]

Extracto de la obra del P. Jacques Philippe “La Oración, camino de Amor”. Ed. Rialp, Madrid, 2014. Pags.70 y ss.

Fuente: Hesiquia Blog.

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