Domingo II de Cuaresma, Ciclo B: La Transfiguración.

transSeguimos meditando en la Palabra el tema de la alianza de Dios con el hombre, La semana pasada veíamos la alianza con Noé y hoy la alianza con Abraham nuestro padre en la fe, quien fue llamado por Dios para hacer de él un gran pueblo y padre de las naciones. Pero junto con la promesa viene la prueba. Dios le pide a Abraham un sacrificio supremo, doloroso, y tal vez contra toda lógica: “sacrifícame a tu hijo Isaac”, al hijo de la promesa, aquél que había sido engendrado por Abraham y su esposa en su vejez, el hijo en que se depositaban las promesas. Abraham está rodeado de pueblos paganos que practican estos sacrificios rituales, y por eso le parece hasta cierto punto normal, y se pone en marcha hacia el monte Moria para sacrificar a su hijo. Nosotros sabemos que es una prueba pero en ese momento Abraham no lo sabía y sin embargo quiere cumplir con todo lo que Dios le pida, creyendo contra toda esperanza.

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I DOMINGO DE CUARESMA B: LA ALIANZA DE DIOS CON EL HOMBRE

cuaresma1Por: Pbro. Lic. Roberto Luján Uranga

Este domingo escuchamos que Dios hace una alianza con el hombre que sella con el arco iris, un símbolo de paz y belleza después de la tempestad, que une el cielo y la tierra. Después del diluvio, viene la calma. Según San Pedro las aguas del diluvio son una prefiguración del bautismo, que en sus aguas nos lava de todo pecado y nos hace renacer con Cristo, asociándonos a su muerte y su resurrección. El verdadero artífice de la alianza es Jesucristo, Dios y hombre, que en su persona une la naturaleza humana con la divina y hace que los hombres nos reconciliemos con Dios y seamos admitidos a su gloria. Por eso se habla de los ”espíritus encadenados”, de los que se interpreta que son las almas de los justos que aún esperaban la liberación de Cristo. Seguir leyendo

Oración

La oración es el acto de comunicarse con Dios, ya sea para ofrecer pleitesía, hacer una petición o simplemente expresar los pensamientos y las emociones personales.

Para ello hemos de adoptar una actitud orante, que consiste en un momento de silencio, de sincera escucha de Dios, en el que nos liberamos de todas nuestras ataduras externas y superficiales que nos esclavizan para disfrutar de la presencia amorosa de Dios.

Para una buena oración hemos de plantearnos cómo nos habla Dios, puede que no con grandes manifestaciones o letreros luminosos, pero nos susurra en nuestro interior, cuando estamos a solas con Él y le pedimos consejo. Si hacemos un sincero silencio en nuestro corazón sabremos lo que Él nos aconseja, lo que Él haría o qué es lo que quiere de nosotros; porque al fin y al cabo, la oración es ponernos en manos de Dios para hacer su voluntad, muestra de ello es la oración de Jesús en el huerto de los olivos “hágase tu voluntad y no la mía”.

Por tanto, cuando hagamos oración hemos de pedir para que Dios nos ayude a mejorar en lo que depende de nosotros (ser más estudioso, ser fuerte y positivo ante un enfermedad…) para llegar a las metas que queremos (aprobar un examen, superar una enfermedad…).

Cuando escuchamos lo que Dios nos dice, a veces nos puede costar entenderlo y darnos cuenta de que Él nos guió en nuestro camino al cabo de un tiempo; o puede incluso asustarnos, porque hacer el bien requiere esforzarse, pero no hemos de tener miedo ya que si Él nos lo pide, Él va a estar con nosotros para apoyarnos. Hemos de confiar en Dios y en lo que quiere para nosotros, pues somos como la pieza de un puzle que no ve más allá de la pieza que tiene al lado pero no sabemos cuál va a ser la imagen final del lienzo de nuestra vida.

Dios es una emanación constante de amor hacia nosotros, por lo que si estamos atentos, siempre va a intentar hacerse el encontradizo con nosotros a través de la conversación con un amigo, de la homilía de un sacerdote, de una lección del profesor del colegio…

Dios es una emanación constante de amor hacia nosotros, por lo que si estamos atentos, siempre va a intentar hacerse el encontradizo con nosotros

Dentro de la oración, podríamos destacar como puntos importantes en la Orden de los Dominicos, la oración comunitaria y personal siempre desde una visión contemplativa, en la que estar hablando con Dios en la oración se asemeja a contemplar una obra de arte en la que vas penetrando en los matices del cuadro incluso hasta poder captar cuál es el mensaje que el artista quiso transmitir. Una oración fundamental de la Orden de Predicadores es el rezo del Rosario, oración contemplativa por excelencia debido a su carácter repetitivo y estructura sencilla que te va llevando por la contemplación de los pasajes de la vida de Jesús y la Virgen.

Por último, Santo Domingo de Guzman nos dice que orar es hablar con Dios de los hombres y hablar a los hombres de Dios.

Carol Calvo

Carol Calvo
Dalit
mjd.dominicos.org

Profundizar en uno mismo. La Oración como Acto de Amor

[…]Quien persevera día tras día en la oración es como un hombre que ha comprado una vieja casa en el campo, y en el huerto de esta casa hay un pozo. Ese pozo no se ha utilizado quizá desde hace cien años y está cegado. El Hombre considera que sería bueno volver a ponerlo en servicio. Y se pone entonces a cavar. Al principio no es cosa agradable: encuentra hojas muertas, piedras, barro, toda suerte de detritus, algunos batante repugnantes. Pero si no se cansa y continua con su penoso trabajo, acaba por aflorar agua limpia y pura en el fondo del pozo, fresca y saludable.

Eso mismo nos pasa a nosotros: la fidelidad a la oración nos obliga a una penosa confrontación con lo que hay en nuestro corazón. Encontramos allí cosas bien pesadas, agobiantes y sucias. Pero llega un día en que, más profundamete que nuestras heridas psiquicas, más que nuestros pecados y manchas, alcanzamos ua fuente hermosa y pura, la presencia de Dios en el fondo de nuestro corazón, a partir de la cual toda nuestra persona puede purificarse y renovarse. “De las entrañas de quien cree en mçi brotarán ríos de agua viva”. (Jn 7, 38). El hombre no se puiifica desde el exterior, sino desde dentro. No tanto por un esfuerzo moral como descubriendo en su interior una Presencia y dándole libre curso.

Mediante la fidelidad a la oración, encontramos en nosotros un espacio de pureza, de paz, de libertad, la presencia de Dios más íntima a nosotros que nosotros mismos. El centro del alma es Dios, dice Juan de la Cruz. Aprendemos pocoa poco a vivir de ese centro, y ya no a partir de nuestra periferia psíquica herida: miedos, amargureas, agresividades, concupiscencias…

La interiorización que es fruto de la oración es mucho más que un asunto de simple recogimiento, es descubir y unirnos a una Presencia ítima que se convierte en nuestra vida y en la fuente de todos nuestros pensamientos y acciones. Hablaremos de eseo más adelante.

La Oración como Acto de Amor

[…]La oración es un acto de amor de Dios. Orar es acoge con confianz el amor de Dios. Orar no es hacer algo por Dios, sino recibir su amor, dejarse amar por Él. Nos cuesta vivir eso, pues no creemos lo bastante en ese amor, nos sentimos con frecuencia indignos de este amor, y estamos más centrados en nosotros mismos que en Él. En nuestro sutil orgullo, podemos tratar de hacer cosas buenas pra Dios, en lugar de interesarnos ante todo en lo que Dios quiere hacer por nosotros, gratuitamente. Lo esencial es matenernos en presencia de Dios, pequeños y pobres, pero abiertos y receptivos a su amor. Dar a Dios, por decirlo asi, permiso para amarnos, en lugar de querer hacer algo por nuestra propia inicitavia.

La actividad que más cuerta en la oración no es la nuestra, sino la de Dios. Se nos pide recibir, es es todo. La definición que da Teresa de Jesús de la oración como “tratar de amistad, estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama” da prioridad al amor que Dios nos tiene, y no al que nosotros tenemos. “El mérito no consiste en hacer o dar mucho, sino más bien en recibir, en amar mucho”, dice santa Reresa de Lisieux.

[…]

Extracto de la obra del P. Jacques Philippe “La Oración, camino de Amor”. Ed. Rialp, Madrid, 2014. Pags.70 y ss.

Fuente: Hesiquia Blog.

Qué bueno es el Señor…Por San Rafael Arnaiz

¡Qué bueno es el Señor, qué sencillos sus caminos! Parece que está esperando que tengamos cualquier dificultad para alargarnos una mano y tendernos su ayuda. Te aseguro que es muy dulce abandonarse en manos de tan buen Padre.
Ama mucho a la Virgen, y esto te ayudará para amar a Dios. ¡Qué suave y dulce es consagrarse a María! A mí no me negó nada desde el primer día de vida religiosa.
Fuente: Dichosa Aventura blog

El ultimo viaje de Monseñor Romero

1978-1979

En estas fechas, cambió su predicación y pasó a defender los derechos de los desprotegidos. Monseñor Romero denunció en sus homilías los atropellos contra los derechos de los campesinos, de los obreros, de sus sacerdotes, y de todas las personas que recurrieran a él, en el contexto de violencia y represión militar que vivía el país.

En sus homilías posteriores a la muerte de Rutilio Grande, recurrió sin temor a los textos de la Conferencia de Medellín, y pidió una mayor justicia en la sociedad.

Durante los tres años siguientes, sus homilías, transmitidas por la radio diocesana YSAX, denunciaban la violencia tanto del gobierno militar como de los grupos armados de izquierda.

Señaló especialmente hechos violentos como los asesinatos cometidos por escuadrones de la muerte y la desaparición forzada de personas, cometida por los cuerpos de seguridad.

En agosto de 1978, publicó una carta pastoral donde afirmaba el derecho del pueblo a la organización y al reclamo pacífico de sus derechos.

Asesinato

En octubre de 1979, recibió con cierta esperanza las promesas de la nueva administración de la Junta Revolucionaria de Gobierno, pero con el transcurso de las semanas, volvió a denunciar nuevos hechos de represión realizados por los cuerpos de seguridad.

Un día antes de su muerte, hizo un enérgico llamamiento al ejército salvadoreño:

“…Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles… Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: “No matar”. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión…”

El día lunes 24 de marzo de 1980 fue asesinado cuando oficiaba una misa en la capilla del hospital de La Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador. Un disparo hecho por un francotirador impactó en su corazón, momentos antes de la Sagrada Consagración. Al ser asesinado, tenía 62 años de edad…”

Fuente: munaysonqo- buscouncorazon.blogspot.mx

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