Conviértanse a Dios para cumplir su llamado: P. Luján

En este ciclo litúrgico vamos a escuchar el Evangelio de San Mateo, que hoy nos trae las primeras palabras en público de Jesús: “conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los Cielos”.

Jesús inicia su predicación en Galilea, tierra fértil y poblada al Norte de Israel, lejos del centro político y religioso que es Jerusalén. Porque Jesús quiere llegar a los másalejados de la religión. Y porque Galilea será también una región más fértil espiritualmente para recibir su Palabra. Ya Isaías había profetizado que sobre el territorio de Zabulón, donde estaba Galilea, brillaría una gran luz, la Palabra de Cristo. S.S Pablo VI dijo que el mensaje de “conviértanse y crean” era como un compendio del Evangelio, porque todo el mensaje de Jesús va encaminado a que nos convirtamos, es decir, a volvernos de corazón a Dios.

Cada vez oigo a más personas que quieren estar con Dios sin volver su corazón a Dios. Se quejan de que Dios no los escucha pero más bien son ellos los que no escuchan a Dios, los que no quieren dejar una relación ilícita, los que no quieren dejar un negocio reprobable, los que quieren seguir faltando a misa y hallan miles de justificaciones para no asistir semanalmente a la Eucaristía, para no casarse por la Iglesia, para no dejar de pedir mordida, para no dejar de ser corrupt@. ¿Cómo hacerle si alguien quiere seguir a Dios sin convertirse de corazón? No hay forma de hacerlo. Conversión significa un cambio de mentalidad, de corazón, de vida. Significa cambiar nuestras actitudes que ofenden a Dios. Significa que hacemos un alto en nuestro camino y analizamos y examinamos nuestra conciencia a la luz de la Palabra de Dios para saber y convencernos que en nuestra vida hay pecado que ofende y nos aleja de Dios y que hay que arrepentirnos de ello con sincero corazón y proponernos firmemente enmendar o corregir nuestra vida, como por ejemplo lo hizo Zaqueo, quien dijo: “si he defraudado a alguien, le retribuiré cuatro veces más”. También el Evangelio es una invitación a trabajar con Jesús. El llama a dos parejas de hermanos: Pedro-Andrés y Santiago-Juan a quienes promete hacerlos pescadores de hombres.

Nosotros, por el hecho de ser bautizados, tenemos una misión y obligación de iluminar con la luz del Evangelio a todos aquellos que están en las tinieblas del pecado, sabiendo que los pecados ensombrecen, llenan de tinieblas el corazón y la conciencia. Por eso mucha gente después de tanto tiempo en pecado, ya ni siquiera toma como pecado las malas faltas que hace… a veces hasta se regodea, se goza en su pecado, como el cerdito que se revuelca, feliz, en el lodo. Debemos ser luz que ilumina las tinieblas para “pescar” almas para Dios, especialmente aquellas más necesitadas de su misericordia, de su perdón, de su amor. Con nuestras pobres fuerzas y nuestras viejas redes, echemos el anzuelo en el nombre de Jesúspara que la pesca sea abundante y podamos acercar a muchos alejados al Señor.

Pbro.Lic. Roberto Luján Uranga

Domingo III del tiempo ordinario