“Cristo Eucarístia y S. María del Pueblito atraparon mi corazón”; Testimonio de un valiente joven converso del cristianismo pentecostal a la Fe Catolica…

Buen día!! … Con gran alegría les compartiré este impactante testimonio de un jóven aspirante a la vida religiosa franciscana, que anteriormente fue cristiano pentecostal. En este testimonio seremos testigos de lo que el Amor de Dios y la presencia de la siempre Virgen Santa María, nuestra madre,  puede causar en un corazón y de lo que un alma elegida por ellos es capaz de hacer.

ALFONSO

Esta es la historia del jóven ALFONSO BAUTISTA, quien él personalmente nos narra su historia de esta manera:

“La historia comienza en el año de 1992, cuando el hermano Raymundo Nieto llega a la Ciudad de Pachuca, Hidalgo para evangelizar por medio de la fe pentecostal, siendo mi familia una de las primeras que se convierte a este credo e iniciando desde entonces hasta la fecha, el “Movimiento Cristiano Independiente, A.R.”.

Por cuestiones de mi trabajo como docente de educación especial, me fue necesario mudarme a la Cd. de Querétaro, donde desde el inicio sentí la necesidad de buscar una Iglesia donde congregarme para dar el culto debido a Dios.  Cada domingo tomaba camino buscando una Iglesia, pero no sé por qué razón, de una o de otra manera, Dios me hacía llegar al Templo de la Santa Cruz.

Yo le reclamaba al Señor el hecho de que hiciera lo que hiciera y anduviera por donde anduviera, tenía que ir a dar a ese Templo. Cada domingo era lo mismo. Llegaba el fin de semana, tomaba camino y mis pasos tenían qué dirigirse hasta ese lugar. Finalmente, un día decidí entrar al leer un letrero que decía “museo”, pues imaginé que realmente era un museo.

Desde la primera vez que estuve ahi adentro, una sensación extraña me invadió. Al salir de ese lugar, ví a tres frailes que estaban haciendo promoción vocacional y yo solo me acerqué para mirar de qué se trataba pero sin la menor intención de unirme a NADA que tuviera qué ver con la fe catolica. Al acercarme con los frailes, y repito, sin intención de unirme a nada católico, uno de ellos, F. Salvador Parra-Ofm me abordó y por educación, estuve platicando con él. Yo solo le dí mi face y él se encargó de enviarme la solicitud y de buscarme. Aun recuerdo cuanta amabilidad contenía su primer mensaje.

Con toda sinceridad debo admitir que Dios se valió de una amistad entre un joven pentecostes (yo) y uno de sus frailes franciscanos (F. Salvador), para Evangelizarme, pues un día, sintiendo sed de Dios, llegué nuevamente al Templo de la S. Cruz y le dije a f. Chava: “Fray, quiero conocer a tu Dios”. Él sin pensarlo dos veces me llevó a la capilla de la Asunción de María donde está expuesto el Santísimo Sacramento y me dice: “Ahí lo tienes Alfonso, éste es mi Dios y lo amo”, pero con tristeza te digo: En ese momento no sentí nada. No me movió el Señor…. Yo no entendía la Eucaristía. No entendía la fe católica. No entendía como Dios podía estar en una hostia.

Tiempo después, F. Salvador me regaló un Cristo de San Damián y explicándome cada ícono de la imagen, entendí que Jesús no está muerto y que es un Dios vivo. Pasó el tiempo, f. Salvador y yo seguíamos platicando cada vez más a menudo.

Sin duda creo que el Señor se valió del amor de su Santísima Madre para atraparme, pues un día, estando yo en un sitio, llegó a mi una señora humilde y con una estampa en la mano me dice: “Dice tu madre que te espera en la Catedral, que vayas a verla”… yo, aún en mi ceguera espiritual dije: “¿Mi mamá en Catedral?! ¿?¿?¡?…  No le dí la menor importancia ni a la señora, ni mucho menos a la estampa que me dió. La verdad es que la tomé entre mis manos y la hice pedazos. Ni siquiera me fijé de qué se trataba la estampa que me estaba dando.

Pocos días después, llegué, no se por qué, a la Catedral y ahi adentro ví varias imágenes de santos muy grandes que lo unico que me provocaban era miedo. Todas, a excepción de una Virgen que se encontraba en una cúpula de cristal, llena de luz. Me acerqué, la ví y dije: “Hay qué virgen tan chistosa, una chiquita y una grande y un santo malabarista con tres pelotas”.  Ella era Santa María del Pueblito y el “santo malabarista” era S. Francisco de Asís. Las “pelotas” que yo suponía, simbolizan cada una de las tres ordenes religiosas que él fundó y no es que esté jugando con ellas, sino que las tiene a los pies de María. Ella,  a pesar de que yo entonces la miraba “rara”, atrapó mi corazón desde el primer instante.

Ese fue mi primer encuentro con ella. Para mayo, me invitan a una procesión católica. Yo quería ir al pentecostés de mi anterior culto pero recuerdo que no encontré ninguna salida en los autobuses, en ninguna línea y al ver esta situación, decidí ir a la procesión, todavía por compromiso, por educación y por cortesía. Esa procesión era ni mas ni menos que de S. María del Pueblito. Al verla por segunda vez quedé nuevamente impactado por ella. Su sola imagen que dejó de ser para mi graciosa de un momento a otro, me producía una sensación inexplicable en el cuerpo y en el alma.  Ese día durante la procesión, un fraile me explicó la historia de ella y creeme, al escuchar su historia y al verla por segunda vez, su amor materno tomó posesión y control de mi voluntad. Ese mismo día en la noche, inundado por esa imagen que algo muy grande sin remedio me producía, le pedí al Señor que me iluminara, que me llevara al lugar correcto y ¿sabes a donde llegué? … nuevamente a la Capilla donde está expuesto el Santísimo las 24 horas del día.

Entonces entendí que el Señor me quería ahi, en su Iglesia, en la verdadera Iglesia que él fundó. Fui a contarle todo a f. Salvador. Él me refirió inmediatamente con los frailes y sacerdotes que pudieran ayudarme para recibir mi catecumenado. Me enviaron con el Vicario General, Mons. Martín Lara, quien después de tomar mi preparación correspondiente, me administró los sacramentos de iniciación cristiana un 7 de Agosto a las 11a.m., siendo mi padrino, por supuesto, F. Salvador Parra-OFM a quien aprecio sinceramente y a quien siempre le estaré agradecido por ser el instrumento del Amor de Dios en mi vida.

La historia no termina aquí… de hecho, aquí es donde apenas comienza, pues por tomar la fe catolica, comenzaron las agresiones físicas y verbales a mi persona. Mi familia, al darse cuenta de lo que estaba sucediendo conmigo, me despreció. Por ganar a Cristo, lo perdí todo!. Pues mi familia me hizo ver que al convertirme al catolicismo, perdería definitivamente toda relación y lazo con ellos. Me ha dolido y mucho, no sabes cuanto. A veces me siento solo, pero siempre me queda el consuelo y la alegría de saber que aunque por Cristo perdí a mi familia de sangre, Él me ha constituido parte de una familia mas grande: La familia franciscana.

Termino mi testimonio con estas palabras: Estoy aqui por Cristo y por Santa María del Pueblito. Ella me sedujo, me enamoró, me hizo perder la razón. El amor materno que desde el primer instante me hizo sentir, aunque a mi me pareciera graciosa su imagen, me dejó sin armas de defensa. ¡Lo perdi todo, Lily, todo!… familia, casa, madre, amigos, pero gané a Cristo, gané mi fe y la certeza de estar en la Iglesia verdaderamente constituida por Cristo. Mi familia de sangre me destituyó radicalmente, pero ahora puedo decirte que tengo a mi familia franciscana y que he adoptado como Madre a S. María del Pueblito, madre de Dios y madre nuestra.

Ahora lo unico que espero es poder gastar mi vida en anunciar a Cristo y el amor de su Santísima Madre y ser aceptado en la familia franciscana para poder consagrarme definitivamente a Dios. Vivir por El, predicar por Él, andar por Él y si se puede, también morir por Él.

Gran testimonio de nuestro hermano… He aquí la radicalidad con la que Dios nos hace valientes al sentirnos llamados y enamorados por Él.

Por este medio felicito a mi hermano Alfonso Bautista y publicamente le reitero lo que algún día le dije: “Hermano, cuando seas fraile, no te llamaré f. Alfonso, te llamaré F. Valiente, porque ninguna otra palabra te define mejor”. 

 

Reportó Para ti seminarista y  Catoliscopio:

Liliana Córdova Terrazas-OFS.

 

 

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