No creo en Dios, “soy ateo”

una-linda-joven-sonriendo-10269Sin venir a cuento, en medio de una conversación intrascendente, un amiguete nos suelta: “Es que yo soy ateo”.  “Bueno, ¿y a nosotros qué? Como si quieres ser budista, musulmán o del Real Madrid”, contesta otro contertulio. El ateo empezó a desinflarse al notar nuestra indiferencia por su postura “religiosa”, de la que parecía querer presumir. Con este motivo, el personal se enzarzó en una discusión variopinta, con un vocabulario de andar por casa, y sin meterse en profundidades filosóficas o teológicas. Como el grupo era de un nivel cultural medio-alto, las ideas barajadas pudieran interesar a más de uno:

Quedó claro que ateo es el que no cree en la existencia de Dios. Demostradme que Dios existe, exigió el ateo. Demuéstranos tú que no existe, le replicó otro. Demostrar “racionalmente” la existencia de Dios al modo de las ciencias exactas es imposible, pero más imposible aún es demostrar que no existe. Para el creyente Dios está fuera del tiempo y del espacio, por tanto no existe como existen las demás cosas, pero existe, y se manifieste en esas cosas. El descreído, en cambio, excluye de sus consideraciones lo que no está en el tiempo ni en el espacio.

Lejos de mi intentar convencer a nadie “con razones“ en temas de religión, política partidista o forofos de fútbol, sería perfectamente inútil. En estas materias o nos convencemos solitos  o no nos convence nadie. Nos limitamos a poner encima de la mesa algunos razonamientos, siempre deficientes, por si les sirven a alguien.

El ateo corriente es un creyente con  una fe: cree que “lo existente se explica por sí mismo”, cosa que la ciencia no ha justificado nunca. Cualquier encadenamiento de razones aboca siempre a principios indemostrables, y las mismas matemáticas, se levanta sobre postulados o proposiciones cuya verdades son indemostrables. Si la ciencia se basa en principio indemostrables, ¿por qué exigimos demostración para aceptar la existencia de Dios? ¿No es suficiente la observación de las maravillas del universo o de los seres que lo habitan? ¿No son suficientes los millones de almas que viven sólo por y para su Dios? ¿Están todos equivocados? Mire uno adonde mire aparecen los indicios de Dios: Iglesias, Catedrales, cruces en los caminos, libros, cuadros, poesía, música; además, lo sentimos en nuestro corazón. Chesterton afirmaba que “cuando un hombre deja de creer en Dios, pasa a creer en cualquier cosa”. Vista la experiencia, algo de verdad debe de haber en el aserto. Sigue leyendo

Anuncios